Actualizado hace: 1 hora 24 minutos
Cristhian Vera Álava
El día que tomamos un respiro

Sorprende la rapidez con la que aquello que no logramos ver nos obligó a tomar un descanso de nuestras vidas.

Domingo 22 Marzo 2020 | 04:00

No se veían charlas familiares así desde los 80 y los 90, aproximadamente. Utilizando nada más que su atención consciente, lejos de la tecnología, que, por mucho tiempo logró acortar distancias pero que en poco menos nos distanció más. Y volvimos a escuchar los cuentos del abuelo, las ocurrencias de los hijos, los pensamientos y sentimientos de la pareja, y lo más difícil, escucharnos por primera vez desde hacía mucho tiempo a nosotros mismos.  

Y entonces se enchinaba la piel por la llegada de una insoportable percepción de emociones; la razón comenzaba a ser la medida de las cosas nuevamente, y por fin lo entendimos: en el largo trayecto diario de nuestros minuteros no habíamos dado lugar al cumplimiento de nuestro principal deber como seres humanos, el deber de ser libres, habíamos sido esclavizados por la frialdad y la rapidez (que no da tiempo de pensar) de mensajes de texto, esclavos del consumismo, de las pasiones, de las ideologías de moda, que lejos de ser motivadoras de cambio terminan por enfrentar diversos sectores de la sociedad y en lugar de conseguir la victoria de los derechos se ven vulnerados aún más. 
Fue así, como estábamos aterrados y no precisamente por la pandemia y sus complicaciones como única causa, sino por haber perdido la capacidad de escuchar a las personas en lugar de leer textos, desesperados por acallar las emociones que sentíamos sin el excesivo consumo diario, si no logro salir, sin poder entender a mis hijos, o simplemente debido a que es una verdadera tortura recostarme y permanecer en silencio escuchando lo que tengo por decir y que no deseo escuchar por temor a lo que pueda escuchar de mí mismo. 
Y mientras nosotros yacíamos asfixiados por el peso de la cotidianidad doméstica, era el planeta el que verdaderamente se tomaba un descanso de nosotros, de nuestra contaminación en todo sentido que vamos dejando en nuestro paso por este mundo.
El mensaje es claro, una vida bien vivida es aquella que está llena de sentido, o mejor, es aquella en la que estamos conectados a algo que es más grande que nosotros mismos, y con propósitos bien definidos, que no pueden ser arrebatados bajo ninguna circunstancia. Viktor Frankl no se equivocaba al decir que el ser humano jamás perdía la libertad (aunque sea la libertad de elegir cuál será su actitud frente a determinada situación). 
¿Entonces? ¿Cuál será tu actitud frente a la vida de ahora en más?
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