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Arremetida del centralismo
Arremetida del centralismo
Por: Walter Andrade
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Martes 30 Julio 2019 | 04:00

El Frente Cívico de Manabí está listo para tratar un tema crucial para la provincia: el centralismo. Y está muy bien que lo haga porque el centralismo es una bacteria que vive en la sociedad.

Pero no es una bacteria cualquiera. Es de aquellas que matan poco a poco, como para hacer sentir más el dolor, que van resintiendo el tejido de la sociedad, que llega a todos sus órganos, pero eso si, concentran su ataque en nuestra voluntad.
La  arremetida, sin prisa pero sin pausa, termina finalmente acostumbrándonos a vivir subyugados, a ver como natural el depender del  centro y de su “benevolencia”y co-existir con sus métodos y sistemas.  Y esta es su gran victoria. Desde 1830,  año de la   independencia,  estamos así. 
Manabí, a lo largo de su historia,  ha padecido el centralismo en todas las áreas y en sus más diversas manifestaciones. Y lo ha sentido pese  a ser la tercera provincia del país en términos de población lo que debería ser un factor de poder a la hora de las elecciones pero  no lo es. 
Entonces, bien hace el Frente Cívico de Manabí en promover un foro para analizar este problema que en tiempos de escasez, como la actual, es aún mucho más necesario. Luce bien, así mismo, que estén definidos  los temas que nos pueden servir. 
Para mi, sin embargo, la solución al centralismo  no es únicamente un asunto de fondos, aunque es súper importante y fundamental. Reclamar y exigir recursos para lo que necesita la provincia por supuesto que es una tarea urgentísima. Es una excelente idea.
Pero el núcleo del problema es otro. Es básicamente el poder de decisión. Este poder es que hay que trasladarlo donde nosotros  porque  donde está está el poder está la suerte y el destino de la sociedad.
Lo que debemos buscar por tanto, además de los recursos, es que en algún momento se encuentre  un nuevo modelo para administrar el país que permita que cada región,  cada ciudad, se forje el tipo de crecimiento y desarrolle que estime más apropiado y a la velocidad que los tiempos lo permitan.  
Pensando así, habrían dos caminos por recorrer. Primero, alentar una descentralización profunda alineando a nuestros asambleístas  con esta causa. Así al menos nuestras instituciones y alcaldes no tendrían que implorar y rogar por recursos; y segundo, buscar un nuevo y definitivo modelo de gestión para el país. 
 
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