Actualizado hace: 53 minutos
Ayuda social
Ángel necesita de un milagro para vivir

Sonia Miranda no suelta la mano del menor de sus hijos. Lo acaricia y desea pasarle sus energías para que vuelva a caminar.

Lunes 08 Abril 2019 | 11:00

 Desde hace dos semanas Ángel Antonio permanece en su habitación acostado en su cama, donde los tanques de oxígeno se han vuelto sus “fieles amigos”.

Sonia recuerda que Ángel empezó a padecer de estrabismo desde que tenía cuatro años, pero eso no le impedía que realizara sus actividades normales, como estudiar, jugar y andar en bicicleta. 
Era lo que más le gustaba.
“Cuando tenía 11 años el médico que lo atendía me recomendó que lo llevara a Guayaquil porque aquí no iban a poder hacer nada”, rememora Sonia, al indicar que lo llevó hasta el hospital Roberto Gilbert, donde durante dos años le realizaron estudios y exámenes médicos, pero los especialistas no encontraron la enfermedad 
que aquejaba a su pequeño.
“Me dijeron que debían hacerle estudios más avanzados porque aquí en Ecuador no había”, agrega.
El drama para esta familia se complicó hace casi cinco años, cuando Ángel tenía 13 años y sus manos empezaron a adelgazar. 
Sonia dice que aquella vez acudió hasta el hospital Francisco de Icaza Bustamante, de Guayaquil, porque Ángel también empezó a perder la movilidad en las piernas y dejó de caminar.
Desde entonces, dice que ha andado de un lugar a otro en busca de que alguien dé con la enfermedad del menor de sus siete hijos, pero hasta ahora no lo logra.
“Él habla y me pregunta que si se va curar y lo que me dicen los médicos. Yo le digo que todo está bien”, expresa Sonia mientras su voz se apaga por la tristeza que la embarga.
Ángel tiene 17 años y desde hace dos semanas los médicos le recomendaron que utilice oxígeno de por vida. 
Además debe tomar unas pastillas para reanimar su corazón, dice su madre.
Cada tanque de oxígeno le dura tres días, por lo que a la semana su familia gasta más de 50 dólares.
Sonia dice que no puede trabajar por cuidar a su hijo, mientras que su esposo se gana la vida vendiendo verduras, por eso requieren ayuda de la comunidad y autoridades.
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