Actualizado hace: 10 minutos
MANTA
El cáncer las persigue

Madre e hija sufren de cáncer y no cuentan con dinero para el tratamiento.

Viernes 05 Abril 2019 | 11:00

“Cuando el doctor me dijo que tenía cáncer, pensé en mi padre y mi abuela que murieron con esa enfermedad, y dije ‘ahora me toca a mí’”. 
Norma Acosta (29) tenía la sospecha de que el tumor maligno había llegado a su cuerpo; sin embargo, fue optimista durante siete meses pensando que los exámenes médicos arrojarían otros resultados. 
Pero no fue así: el doctor confirmó que tenía cáncer linfático y le recomendó acudir de inmediato al hospital de la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer (Solca) para seguir un tratamiento que salve su vida. 
Eso fue meses después de que un primer médico detectó en Jeremías, su hijo mayor de 10 años de edad, el padecimiento de un soplo en el corazón, una deficiencia pulmonar y el desgaste de un riñón. 
Ella empezó a cantar en los buses y a lavar ropa ajena para reunir el dinero que gastaría en los exámenes de Jeremías. 
En ese entonces Norma tenía todas las fuerzas del mundo para luchar por la salud de su hijo, pero hoy esas fuerzas han sido absorbidas por el cáncer. 
Ambos siguen un tratamiento a medias por falta de dinero.
Pero eso no es todo: su mamá, Rosaura Tuárez, de 70 años, también acaba de ser diagnosticada con un cáncer en el estómago. 
Y a eso se suma que tiene una discapacidad visual y auditiva.  
“La vida me ha tocado muy dura. Hay días en que no quiero despertar, que quiero salir corriendo de casa y no volver. Pero cuando me acuerdo de mis tres hijos y de mi madre, que también está enferma, saco fuerzas de donde no las tengo para salir adelante, para no rendirme”, expresó. 
La familia vive en el barrio El Prado, atrás de la piscina Tierra Dorada. 
Hace cuatro años la abuela de ellos murió de cáncer en el estómago, y hace 28 años murió el padre con cáncer al hígado. 
Al parecer la enfermedad es hereditaria, le han dicho los médicos.  
 
>Una carrera por sobrevivir. A Norma le detectaron el cáncer hace año y medio. Los médicos le recomendaron cuatro ciclos de quimioterapias.
Pero solo llegó hasta la segunda, porque ella sentía que su cuerpo no resistiría una tercera. 
“Cada quimio me representaba estar siete horas conectada a la máquina, y cuando terminaba me sentía muy débil. No podía caminar sola, tenían que ayudarme. Me golpeó tanto que debieron abrirme el pecho para ponerme un catéter desde la clavícula hasta la aorta para poder continuar con las quimio, porque las venas se me habían secado”, relató. 
Luego llegaron las radioterapias. Fueron 20 en total. La última la terminó hace tres semanas. Fueron iguales o hasta peores de dolorosas que las quimioterapias. 
“Se me cayó la piel del cuello, el pecho, los senos y las axilas. Las radioterapias me provocaron quemaduras tan fuertes, que yo no podía ni siquiera ponerme una blusa porque no aguantaba el dolor, era como haberme quemado con agua hirviendo”, recordó. 
La radioterapia es el uso de rayos X u otras partículas con alta potencia para destruir las células cancerosas. Mientras que la quimioterapia debilita y destruye las células cancerosas en el sitio del tumor original y en todo el cuerpo. 
Hoy Norma dice que trata de sobrevivir junto con su familia. No tiene trabajo seguro para adquirir sus medicinas, por las que gasta en promedio 300 dólares al mes. Y si tiene para algunas de ella, no tiene para las de su hijo y las de su madre. Es decir, en casa se vive una carrera por sobrevivir ante la falta de dinero. 
“Hay días en que siento mucha impotencia, mucho dolor, mucha desesperación, ganas de cometer un error. Esta situación ya no la puedo sostener. Es difícil. Hay días en que ya no quiero ni levantarme de la cama. Me duele ver a mi madre quejándose de los dolores mientras yo pierdo fuerzas. Y con la situación de mi hijo me siento aturdida. Lo que estoy pasando no es vida”, dice llorando.  
 
>Su trabajo. Norma canta música ranchera. Y cada vez que la contratan, que es una o dos veces a la semana, gana 20 dólares por presentación. Es casi nada para lo que ella necesita; sin embargo, se las ingenia para vender ropa usada que le regalan y así poder obtener algo más de dinero. 
Actualmente continúa el tratamiento en Solca, y a partir de este mes deberá acudir ahora en bus con su mamá. 
Norma ya piensa en ir a la playa El Murciélago para cantar con un pequeño parlante y así poder tener algo más de recursos. Esto pese a que el médico le ha pedido que no se exponga mucho tiempo al sol. Pero dice que no tiene otra salida, que lo hará por la vida de ella, la de su mamá y de Jeremías. 
 
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