Actualizado hace: 4 horas 40 minutos
El impacto de nuestras acciones
El impacto de nuestras acciones
Por: Guido Álava Párraga

Miércoles 20 Marzo 2019 | 04:00

Todas las acciones de los seres humanos impactan en el prójimo, esto debido a nuestra naturaleza relacional, fuimos diseñados por nuestro creador para tener vida o existencia relacional con los demás, con el noble propósito de entregar paz al prójimo, construir bienestar y alegría los unos a los otros, en otras palabras nos relacionamos para dejar huellas en los otros, en la Biblia encontramos de manera insistente el mandato de Dios de amarnos los unos a los otros o de amar al prójimo como a nosotros mismos, esas invitaciones a una vida relacional en amor incondicional es argumento de sustento para afirmar que lo que hacemos a los otros es determinante para la calidad de nuestras relaciones.  
La vida relacional a la que estamos llamado no es una opción, es un imperativo, debido a sus impactos, por ejemplo, cuando la relación padres hijos está ausente o esta no es buena quedan heridas emocionales que perduraran si no hay reparación oportuna, esto terminará contaminando las emociones, la autoestima y la seguridad del hijo víctima de la ausencia o del mal trato, esto es un impacto nocivo.
Es oportuno hacer mención de los impactos que genera la ausencia paternal, misma que se da por diversas causas, ejemplo la ruptura de la estructura familiar, divorcios, separaciones por trabajo excesivo, muerte de uno de los progenitores o abandonó irresponsable del padre.
Nuestras sociedades están seriamente impactadas por la multiplicación de los divorcios, las estadísticas son abrumadoras, de este flagelo social se generan las más devastadoras ausencias en la vida relacional de padres a hijos.
La gran mayoría de los divorciados ignoran a ciencia cierta los irreparables impactos negativos que dejan las separaciones o abandono de los hijos por parte de uno de los progenitores, más grave la del padre.
Los niños están programados para recibir de sus padres atención en las necesidades físicas y emocionales en todas sus edades o etapas de su desarrollo hasta la mayoría de edad en forma imprescindible. Cuando esto no ocurre y la provisión sólo se basa en los aspectos alimentarios ropa, vivienda y cosas materiales, las carencias emocionales van a dejar huellas imborrables
La ausencia determinada por la falta de comunicación en hogares con presencia física de ambos progenitores, es igual de dañina, mucho más cuando la relación es cargada de enojo, ofensas y adjetivaciones negativas, son muchos los casos donde las instrucciones a los hijos se hacen con autoritarismo y/o presiones del poder antes que por el principio de autoridad paternal. Hay muchas afirmaciones desde la psicología clínica respecto de lo inapropiado que es corregir a un niño o adolescente con dureza y/o castigo físico, criterio hoy reforzado por leyes que lo tipifican como maltrato al menor, pero esta tipificación no debe ser la única razón para que los padres se abstengan de disciplinar indebidamente a sus hijos si no el conocimiento o toma de conciencia de lo perjudicial o dañino que es una mala relación padre -hijo. 
 
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