Actualizado hace: 2 horas 6 minutos
Solón Pinoargote Sánchez
Política social y arte del buen vecino

Viernes 10 Agosto 2018 | 06:00

Frente a situaciones ofensivamente vergonzosas que dejan mucho que desear en un vecindario, y que por supuesto lastiman la paz y la tranquilidad de todo un sector de la ciudad, no nos queda menos que apurar un manifiesto así.

Esto en el sano propósito de que entendamos que debemos cambiar esa conducta silvestre y majadera que determinadas familias adoptan como “modus vivendi”, en perjuicio de otros que merecen respeto y consideración, sobre todo en los momentos dedicados al descanso.
Es cierto que el principio del “libre albedrío” es la facultad humana de dirigir el pensamiento o la conducta según los dictados de su propia razón y de la vanidad del individuo, sin determinismo superior ni sujeción a influencia del prójimo o del mundo exterior.
Empero, más allá de los estudios realizados, que sobre este tema se han practicado desde los puntos de vista penal, civil, de herencia psicofisiológico, filosófico y teológico inclusive, básicamente con la idea de establecer responsabilidades, éste tiene sus limitantes en el sentido de que ésta facultad termina donde comienza el derecho de los demás. 
Pues, en toda sociedad las cosas transcurren interaccionando con  los demás y como tal debemos actuar sin perjudicar la tranquilidad del vecino.
Se actúa mostrando cortesía, urbanidad buen trato y compostura total, debiendo dejarse de lado la inmoralidad incluso.
Aquello implica evidente mal ejemplo para la cantidad de menores que en toda comunidad existe.
La política del “buen vecino” no es nueva, data de épocas inmemorables donde se juzgaba el comportamiento y buen trato de quienes se encontraban asentados en el vecindario. 
Ciertos desmanes que se suscitaron en su momento propiciaron la elaboración de leyes y reglamentos para adecuar su conducta en la o las infracciones cometidas por los súbditos de la aldea o del clan. 
Afamados pensadores, como Escriche y Posada, le dan la calidad de “arte” a esta política.
Es que se trata de la aplicación de una norma de conducta utilizando la cortesía y la urbanidad con  la finalidad de encaminar, aliviar y mejorar el problema social de una determinada familia o grupo familiar
Hacemos un llamado a la cordura y al respeto a todas estas personas o familias que han decidido vivir de una manera impropia, irrespetando de modo abusivo los status que la sociedad impone.
No hacerlo significa infringir normas de conducta preestablecidas en la Constitución y leyes de la República, o las propias costumbres adoptadas por determinados sectores  ciudadanos.
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