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Venezuela
Un parterre sirve de ‘casa’ a venezolanos

Un parterre de 100 metros cuadrados frente a la terminal de Carcelén, al norte de Quito, es el refugio temporal de cientos de venezolanos.

Domingo 05 Agosto 2018 | 04:00

 Ciudadanos de Venezuela ingresan a diario al país con la esperanza de continuar su viaje a Perú u otras naciones.

Otros deciden quedarse en Ecuador.
Carlin, una venezolana de 26 años, salió hace dos semanas de Valencia con su bebé en brazos enfermo de bronquitis y llegó el lunes por la noche a la capital ecuatoriana, que la acogió con una inusual lluvia invernal en pleno agosto.
Sin recursos para continuar su viaje, pernoctó en una improvisada carpa hecha con plásticos y cartón en el reducido recinto acolchado por el pasto junto a la terminal, desde la que espera partir pronto.
“Mi meta es llegar a Perú, necesito estabilizar a mi hijo”, dijo esta madre al observar a su pequeño caminar entre maletas y cajas del campamento venezolano, y agregó con nostalgia: “Él nunca había salido de su casa”.
Cruzaron Colombia “halando dedo”, viajando de día y buscando refugio de noche, teniendo que dormir en ocasiones en bodegas abandonadas o apoyados en el tronco de un árbol cuando no había más opción.
“Una vez nos corrieron de un lugar, nos dijeron ladrones porque nos acostamos a dormir ahí”, recordó.
Como ella, cientos de venezolanos llegan a este punto, desde el que el que la mayoría busca a través de la caridad o de trabajos temporales reunir los 15 dólares que cuesta el boleto de bus para poder desplazarse a Huaquillas, en la frontera con Perú, destino final de muchos.
Las precarias carpas dejan entrar por la noche el frío y la lluvia de la capital.
Sin embargo, Carlin sonrió al explicar que era la primera vez que podía limpiar a su hijo de un año con toallas húmedas y colocarle pañales desechables en vez de franelas.
De tanto en tanto, los gritos de ecuatorianos que requieren carpinteros, plomeros o electricistas interrumpen la rutina de los refugiados.
Cifras.  El promedio de venezolanos que ingresa al país es de 4.000 al día, según la Vicepresidencia de la República.
Las autoridades migratorias de Colombia indicaron que desde principios de año y hasta mayo, más de 286.000 personas oriundas de Venezuela cruzaron el Puente Internacional de Rumichaca hacia Ecuador.
En las primeras horas del día los venezolanos del improvisado campo forman una fila para recibir por parte de voluntarios plátano maduro, pan y café caliente, “para calentar los huesos”, comenta un inmigrante mientras se lleva el vaso a la boca.
A pesar de las cifras oficiales, el portal del venezolano Eduardo Febres, exdiplomático y activista social por los derechos de los migrantes, asegura que en Ecuador ingresan a diario 5.139 venezolanos, pero más de la mitad se traslada a otros países como Perú. A ellos cada vez el viaje les resulta más complicado.
Odisea.   En los últimos meses las redes sociales se han llenado de videos en los que aparecen grupos de individuos que hacen el recorrido a pie desde Venezuela a diferentes países de la región. 
Los que tienen suerte viajan en bicicleta. 
Ese ha sido el caso de Willian Gómez, que limpia 
 
 
A lo largo de la travesía ha sido el encargado de transportar las maletas y bolsos de sus familiares, debido a que era el único que tenía un medio de transporte.
“A veces agarrábamos mula (camión) y en la vía las personas nos ayudaban también”, comenta.
 
Separados.  Su esposa e hijo de dos años se quedaron en Venezuela, a la espera de que Willian logre la tan ansiada estabilidad laboral.
“Si voy a pasar dificultades lo haré yo solo, no quiero que mi familia lo pase”, dijo.
“Uno en el extranjero tiene más posibilidades, uno sabe que la plata le va a alcanzar para algo, en Venezuela un mes completo de trabajo solo alcanza para un kilo de queso”, argumentó.
El pedal de su bici se rompió al llegar a Quito y se afanaba por arreglarla para poder seguir viaje.
“La tengo que recuperar, tengo que llegar a Perú, es mi compañera”, mencionó Gómez.
El venezolano Alejandro Pérez procede de Maracaibo y pudo llegar a Ecuador junto con otros compañeros mochileros “gracias a la ayuda de la gente colombiana”.
Él viaja con sus dos hijos de tres y siete años y ha escrito en un cartón su situación para lograr juntar el dinero de los pasajes a Perú, que es su destino final.
 
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