Actualizado hace: 10 horas 4 minutos
En el nombre del hermano Gregorio

Son miles las “operaciones” que, por intercesión del llamado siervo de Dios, se han hecho dentro y fuera del país.

Sábado 04 Agosto 2018 | 09:00

Lucinda de los Ángeles, por ahora, no puede moverse más allá de lo que el hermano Gregorio le permite; está algo delicada de salud y él le aconsejó permanecer en la hamaca.

Por ello no puede bajar hasta la capilla que ella creó en 1978 y debe recibir la visita de sus hermanos en la fe puertas adentro.
Rodeada de algunos de ellos, la mayoría mujeres, Lucinda calcula cada palabra que dice, como si estuviera impedida de hablar.
“Todo fue una sorpresa, cosas que pasan en la vida; el siervo de Dios me dijo que yo no era bruja, que lo mío era algo distinto”, asevera.
Desde entonces, desde ese mandato que le llegó “desde lo alto”, se dedicó a interceder por los enfermos sin cobrar, asegura Lucinda.
“Yo no opero, yo no curo, es el siervito que lo hace”, aclara.
Cuando habla, algunas de las personas que la acompañan se disputan el uso de la palabra para contar sus testimonios de fe, sus dolencias a muerte y sus promesas de larga vida.
Mientras Lucinda narra los pormenores de una existencia consagrada al bien, abajo, en la capilla, un coro de voces, al unísono, repite el “Dios te salve, María, llena eres de gracia...”.
Se hallan sentados en las gradas de la capilla, a cuyas paredes no les faltan cuadros de agradecimiento por males incurables e imágenes de la Virgen María y el hermano Gregorio.
Al fondo, una persona de la cual se ignora nombre y oficio, dirige los rezos con una devoción que llega casi hasta la media calle.
Lucinda sabe todo lo que acontece allá abajo porque son 40 años de apostolado, misión que, según ella, la ha llevado a recorrer casi medio mundo, desde Brasil hasta Aruba, desde Colombia hasta Canadá.
“Yo estoy donde me necesitan”, cuenta Lucinda al pie de una imagen del siervo, el cual, según la historia, murió atropellado por un carro en 1919 en Venezuela, país donde nació y donde también se lo venera, aunque no es santo oficialmente.
 
Cuestión de fe. Yadira Fernández estaba lista para que le prendieran velas porque su cáncer estaba en etapa terminal; sin embargo, alguien le habló de “las operaciones espirituales”.
“Él me dijo que todo iba a salir bien y me operé. Cuando fui a Solca me dijeron: señora, esto es un milagro, no tiene nada”, asegura.
A Carlos Senén Cedeño, de igual forma, le recomendaron que pidiera perdón por todos sus pecados pues le quedaban pocos días. 
“Yo ya me veía velado, pero entonces me fui donde el hermano Gregorio, a Manta, me operaron, me ‘abrieron toda la barriga’ y quedé compuesto”, según Cedeño, quien por estos días ha tenido una recaída.
 
Las operaciones. Según los creyentes, el día de la operación, entran en una especie de sueño e inconsciencia profunda, “pese a lo cual sienten cómo los abren, los cosen, y hasta reciben instrucciones respecto a las medicinas que deben tomar, todo de parte del hermano Gregorio”, según ellos.
“Él mismo es que nos habla”, señala otra creyente.
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