Actualizado hace: 10 horas 11 minutos
Xavier García Loor
Tu hijo, mi hijo, nuestros hijos

Sábado 21 Julio 2018 | 08:00

Comienzo señalando que inicialmente el título del artículo era otro, demasiado personalizado al entender de mi entorno familiar, lo que conllevara a modificarlo sin que el fondo sea trastocado, ya que, inclusive, sostengo que siempre he pensado que los espacios de opinión son para referirse exclusivamente a temas que de alguna manera sean del interés colectivo y no particular. 

No obstante, sin dejar de mantener la verticalidad a lo aseverado, debo reconocer que en varias ocasiones, gracias a este prestigioso medio, he presentado temas inherentes a mi núcleo consanguíneo, que contrastan y contradicen lo inicialmente mencionado. Por tanto, intento, desde mi óptica y con el respeto a los demás, enfocar estas líneas dedicadas a una grave problemática que se viene evidenciando en el ente más importante de la sociedad: la familia.
Lejos de coincidir que se trata de la organización más general, pero a la vez más importante del hombre, y al subrayar este concepto no cabe explicación superior a su primordial existencia, misma que compuesta, sobre todo por los hijos, nos transforma y obliga a tratar de ser buenos padres, muy a pesar de que no existan escuelas para ser sus mejores aliados y verdaderamente “amigos” en sus distintas etapas de crecimiento.
Casi constantemente se puede denotar el gran avance tecnológico, y el desarrollo físico y mental de nuestros niños, propensos a convertirse en víctimas de la informática desmedida, que sin control puede repercutir en sus vidas, desde la infancia hasta la misma adolescencia. 
Quedan atrás las preocupaciones de que “nadie sabe para quién trabaja” o de que “los hijos son prestados”, cuando en verdad existen sobre ellos riesgos inminentes como las drogas, que buscan su centro de acción en escuelas y colegios, simulados incluso hasta en “caramelos”, todo gracias a la tecnología mal empleada, porque los progresos deben y tienen que ser para el Buen Vivir ciudadano.
Responsablemente, la manera de criar y proteger a las princesas y príncipes del hogar es atribución de cada padre o madre de familia; pero la idea a compartir es de fomentar la preocupación por los tiempos que se viven; y que la brecha generacional sea convertida en fortaleza y no en debilidad.
En mi modesto caso, todavía estoy a tiempo de asimilar que mi hijo, cuando sea adolescente, tal vez se tatúe una o más veces, a lo mejor eso será “normal” en su tiempo, siendo mucho más importante el esmerarnos a que no caigan en el mundo de las drogas y otros vicios, aspirando a que los padres y madres que han seguido este comentario, puedan reflexionar conmigo, en bien y para bien de nuestros hijos.
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