Actualizado hace: 10 horas 51 minutos
Portoviejo
Lleva 2 años esperando los restos de su hijo

La muerte de Mario Castro parece tomada del libreto de una película de terror, de esas que se transmiten en Halloween.

Domingo 07 Enero 2018 | 11:00

 El hombre de 34 años de edad fue encadenado, cortado en pedazos, guardado en un refrigerador; fue quemado sistemáticamente y lo que quedó recibió sepultura en una finca. 

Perros entrenados de la Policía Nacional hicieron el hallazgo de las partes del cuerpo, pero jamás lograron encontrar su cabeza.
Lo poco que quedó de quien en vida se llamó Mario Castro Vélez se lo llevó la Policía al Centro Forense de Manta, y luego a Quito. 
“Precisaban de estudios a fondo para conocer su identidad y no lo devolvieron para darle cristiana sepultura”, expresó Genaro Posligua, padre biológico del infortunado.
 
>Incierto. El 2 de septiembre del 2015 agentes de la Policía Nacional allanaron una finca en el sitio El Limón Adentro, de la parroquia Picoazá (vía a Crucita), tras la denuncia de la desaparición de una persona, y las sospecha sobre uno de sus empleadores. 
De acuerdo a los parientes de Castro, la repentina desaparición fue denunciada a la Policía el 17 de agosto del 2015. En el relato dejaron constancia que hasta el 30 de junio lo vieron y de allí no volvieron a saber más de él, por lo que se preocuparon y acudieron a pedir ayuda para su búsqueda. 
 
>Corazonada. Padres y hermanos presintieron que algo no andaba bien, así que informaron de sus sospechas a los agentes del orden que se interesaron en el caso. 
La posibilidad de un asesinato estaba latente, por tanto los policías se respaldaron en perros entrenados para dar con restos humanos. 
Genaro Posligua recuerda que vivieron momentos de tensión durante la búsqueda, ya que no había evidencia del delito. No existía algo extraño que respaldara sus sospechas, sostuvo.
 
>Ingreso. La madrugada del 2 de septiembre los policías ingresaron a la finca y aprehendieron a su dueño; buscaron, pero no hallaron ningún cuerpo; sin embargo, dieron con dos armas de fuego, machetes y hasta un hacha. 
La presencia de los canes dio un giro a la investigación porque a 50 metros de la vivienda hallaron un saco bajo tierra que contenía varios huesos, presuntamente humanos. “Entonces la idea del asesinato cobró fuerza”, dijo Posligua.
 
>JUICIO. La presencia de los huesos, así como las armas de fuego, no fue explicada por el dueño de la propiedad donde estaban, así que fue detenido.
En el proceso judicial patrocinado por el Estado se pudo determinar la responsabilidad del dueño de la finca, quien según Genaro Posligua, en primera instancia fue sentenciado a 13 años de cárcel, pero luego por la inconformidad y apelación de los deudos, se revisó la sentencia y se incrementó a 22 años.
“Aún así es poco por la manera en la que se actuó para acabar con la vida de una persona”, dijo.
Agregó que el occiso era pintor y escultor, y fue contratado por el dueño de la finca para un trabajo, surgiendo contratiempos porque no le pagó lo pactado; en otro momento y ante las “paces” el sentenciado envió al artista por droga, pero éste se la consumió. 
“Entonces se vengó matándolo”, citó Posligua. 
El coronel Mario Cerda, jefe de la Policía Judicial (PJ) de Manabí en el 2015, detalló que este trabajo se dio luego de semanas de investigación. 
Genaro Posligua expresó que en el cementerio general de Picoazá existe una bóveda para su hijo, adecuada apenas conoció su muerte, “pero sigue vacía porque no lo devuelven de la Fiscalía”, declaró.
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