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Prenda
El arte de las alpargatas cobra vida

Sus manos se mueven ágilmente al trenzar la cabuya y su mirada no se separa de la planta de lo que serán unas alpargatas.

Miércoles 27 Diciembre 2017 | 11:00

 Su nombre es Segundo Sigcha, un artesano ecuatoriano que desde hace más de medio siglo se dedica a la elaboración de alpargatas.

Sigcha, con 75 años de edad, reside en el barrio El Común, en la parroquia de Pomasqui, en el norte de Quito. 
En este sector, en una casa ubicada en la parte superior de una pequeña montaña, tiene su taller, detalla el portal Andes. 
Ahí elabora este tipo de zapatos que eran utilizados por las personas en las comunidades indígenas. Ahora se usan para comparsas y bailes. 
Pero, ¿por qué decidió dedicarse a esta actividad? La respuesta es sencilla: trata de mantener las tradiciones de sus ancestros. 
Sigcha se considera un hombre de suerte, porque no es el único que confecciona las alpargatas. Cuenta con el apoyo de toda su familia: su esposa y sus nueve hijos. “Todos me ayudan a elaborar las alpargatas. Es nuestro negocio familiar”, asegura con una sonrisa. Para Segundo, la elaboración de las alpargatas es un arte; es decir, desde la extracción de la materia prima (cabuya) hasta el último toque que le da a las alpargatas, por lo que considera que es necesario que se conozca cómo es su confección. “Me gusta que las personas sepan los pasos para hacer las alpargatas. Me visitan jóvenes, familias, extranjeros y vecinos para aprender más sobre las tradiciones andinas”.
 
Elaboración. En la elaboración de un par de alpargatas se demora un día. El costo de unas para adultos es de USD 20. Las de niños tienen un precio menor, que oscila entre USD 12 y 15. Al momento, elabora unos 40 pares de alpargatas y su facturación es de USD 600. Depende de la temporada.
Una de las novedades es que confecciona alpargatas con pupos para jugar fútbol. “Tengo un equipo de mujeres que prefiere este tipo de zapatos porque les da suerte”, expresa. El precio es de USD 35.  
Sigcha además hace llaveros de colibríes, de tortugas o los “sombreritos”. “Son elaborados por mis hijas y nietas. Somos una familia de artesanos”, asegura.
La meta de la familia de Segundo, que es conocida como los Chugchurillos, es colocar una etiqueta a su producto y que se comercialice de mejor manera en los diferentes sectores de la capital, apunta la nota.
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