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Manabí
La tragedia de ‘la Reina’ que aún opaca la navidad

En San Isidro no saben lo que es celebrar la Navidad desde hace siete años. En diciembre regresa el luto a esta parroquia de Sucre.

Domingo 24 Diciembre 2017 | 11:00

 En sus calles todo se encuentra en aparente armonía. 

La actividad comercial se mantiene pujante con personas que llegaron de diversas partes del país para desarrollarse en San Isidro, un pueblo que se basa su economía en el maracuyá.
Sin embargo, el espíritu navideño no es el mismo para los habitantes desde que se dio el accidente de la cooperativa Reina del Camino.
Muchos, como María Alcívar, aseguran que hasta este año mantendrá el luto, y que por sus hijos aún menores de edad a partir del próximo año retomará el festejo navideño y de fin de año.
Las fiestas están opacadas desde el 24 de diciembre del 2010, cuando un bus de transporte interprovincial se accidentó en el sitio La Crespa, del cantón Flavio Alfaro.
Danilo Cueva, vicepresidente del gobierno parroquial desde el 2014, recordó que 28 manabitas, radicados en San Isidro, perdieron la vida en ese viaje. 
Desde entonces la Navidad no es igual, y son raras las fachadas de las viviendas donde hay foquitos multicolores o decorativos para la ocasión.
“Se trataba de gente que se encontraba trabajando en Quito y venía a pasar con sus familiares. Fue una tragedia que hasta el momento no se ha podido superar”, dijo.
Hoy se recuerdan siete años de esa tragedia. Habrá misas y velorios.
 
Visita. El pasado 26 de septiembre Yaritza Reyes Zambrano cumplió la mayoría de edad. Desde el 2010, luego de la tragedia, habita en el sitio San Jacinto de la parroquia San Isidro, donde terminó sus estudios secundarios.
María Alcívar, tía, la acogió en su hogar luego de que perdiera a sus padres y a su hermanita de once meses de nacida.
En su caso, aseguró, no sabe cuándo retormará el festejo de la celebración navideña, ya que le duele el hecho de no tener a sus padres, quienes fueron alcanzados por la desgracia cuando retornaban a la parroquia.
Yaritza habla con tranquilidad, se frota las manos y responde que en las noches extraña más a sus progenitores, Hernán Reyes y Claudia Zambrano.
“Conversábamos antes de dormir y jugaba un rato con mi hermana”, dice mientras ruedan lágrimas por sus mejillas.
 
Ilusionados. Según Yaritza, al igual que los años anteriores, en el 2010 estaban cargados de ilusiones, y con anticipación hicieron los preparativos para viajar en un bus directo desde Quito hasta San Isidro.
Reyes indicó que el bus salió de la terminal de Quitumbe a las 21h30. 
Había pasajeros sentados en el pasillo y hasta sobre el motor, junto al conductor. En su caso, citó, viajaban dos familias. Todos estaban alegres y las bromas no se hicieron esperar.
 
Relato. Alrededor de las 02h30, el chofer paró la marcha del vehículo en El Carmen para que los pasajeros comieran y fueran al baño. En el caso de su familia, sólo tomaron agua y estiraron las piernas. Luego volvieron a sus asientos, y tras varios minutos retomaron el viaje. 
“Escuchamos ruidos de la llanta de atrás antes del choque, luego el carro se fue al vacío. Quedé inconsciente, y cuando desperté estaba con otras personas, así que salimos del bus y caminamos hacia la carretera”, citó. Según Reyes, al salir de la maleza, tambaleantes, fueron axiliados por otro bus de Reina del Camino. 
Ellos fueron dejados en el hospital de Flavio Alfaro, donde comunicaron la novedad e inmediamente se dio la alerta.
La ambulancia local, así como el carro de los bomberos, iniciaron un ir y venir para ayudar a las víctimas. La lucha de los rescatistas se prolongó por horas y el mejor aliado fue la luz solar, sin embargo  el paisaje se volvió terrorífico.
El bus 57 quedó convertido en chatarra al fondo de un barranco. El carro se salió de la vía en la curva inicial en La Crespa. 
En El Palmar, otra comunidad de San Isidro, conviven con el luto. Víctor Reyes perdió a sus hijos Luis Ramón y Marisol. 
“Lucho” apenas llevaba tres meses laborando en la capital de la República, tratando de salir adelante. 
Fue por medio de una radio que el progenitor se enteró del percance. A las 06h30 llamó a sus vecinos que también son sus familiares, y les dijo que el bus que se dirigía a la parroquia se había accidentado.
Rememorando el momento, Víctor Reyes mira al horizonte y en tono bajo precisa que le entró la curiosidad por saber la identidad de las víctimas, así que fletó un carro y con otros parientes partieron a Flavio Alfaro para reconocer los cuerpos.
“Fue muy duro. Uno de ellos era muy joven y recién empezaba a conocer la vida”, sostuvo.
Colón Alcívar, por su parte, perdió a su nuera Nelva Mitte y su nieta Antonella; su hijo Libio quedó viudo.
Colón invita a recorrer la casa para mostrar que la oferta de ayuda a los afectados del accidente no se cumplió en la totalidad.
Si bien le construyeron una vivienda, no fue enlucida ni le dieron empleo como se lo mencionaron.
“Mi hijo lleva siete años desempleado. Ahora está en una finca cuidando y viendo cómo hacerla producir”, recalcó. 
El doliente añadió que solo le pagaron el seguro contra accidentes.
Danilo Cueva, por su parte,  declaró que tras el suceso al centro de salud le dieron una ambulancia nueva y también al Cuerpo de Bomberos.
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