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Tema del día
Ni cena ni arbolito

En la casa de Vicenta Loor no hay arbolito, ni pesebre ni luces de colores.

Domingo 24 Diciembre 2017 | 11:00

 Hoy, que es Nochebuena, será un día cualquiera para ella y los suyos. 

“Nosotros no tenemos pesebre, no hay dónde ponerlo, para mañana (hoy) y el lunes no pensamos hacer nada”, dice Vicenta, de 60 años, oriunda de Manabí.
Ella lleva nueve años radicada en la Asociación Nelly Yuri 2, en la vía a Bellavista.
La merienda de hoy no será a la medianoche, sino a las ocho como siempre.  
En la humilde casa duermen cuatro personas. “No ponemos nada porque, estamos estrechitos, la vivienda es muy pequeña, de tabla, igual el cerramiento”, cuenta. 
Sin embargo, en aquella casa hay lo más importante para ella, el calor del hogar.
Su esposo trabaja en el mercado, cargando y descargando frutas, cuenta.
Dice que sí creen en la Navidad, con una sonrisa recuerda que sus abuelitos hacían la novena, cantaban y armaban el pesebre, pero eso solo ha quedado en su memoria, los villancicos, las luces y la cena no serán para hoy.
En el asentamiento Tres Postes, junto a la cooperativa Cristo Vive, habita Ángela Mendoza con su esposo, quien es cantante.
La mujer de 43 años, madre de tres hijos, el menor de 19 años de edad, dice que sí viven el espíritu navideño, los vecinos se reúnen, cierran las calles y suelen hacer fiestas, sobre todo en fin de año.
Para la Nochebuena en su casa es tradicional el pollo hornado, a veces chancho. 
Pero no hay arbolito ni pesebre, sí les gusta, pero no tienen dónde ponerlo, la vivienda es de construcción mixta, unos horcones la sostienen desde una quebrada, pero ya están construyendo las columnas, recalca. 
En esa casa solo duermen ella y su esposo, sus hijos descansan en una que queda al frente, que está bajo el cuidado de la familia.
 
En la iglesia. Glendis Muentes dice que nunca ha comido pavo.
Cuenta que es de una religión que no festeja la Nochebuena.
El arbolito sí suelen ponerlo, pero las oraciones son en el templo al que asiste.
Lo de la cena es solo cuando hay visitas, generalmente preparan el pollo horneado. “Si no solo hacemos la merienda y ya, es como que no pasa nada”, expresa.
En esta Navidad piensa pasar en una finca en Manabí, pero aún no está segura, si los planes no se dan estará en casa con sus hijos.
Su esposo trabaja como jornalero, ella se dedica al hogar.
Glendis procreó seis muchachos, dos viven con ella. 
La familia de Rosa Elena de Rivera, de 52 años, pasa algo similar. Ella también es de la misma religión que Glendis.
En su morada duermen cuatro personas, en dos camas. La vivienda es de aproximadamente 6x4 metros, el piso de tabla y cuando llueve, ella afirma que en ocasiones se mojan.
Su esposo es artesano, ella no trabaja. Tiene cuatro hijos, tres mayores y una menor de 17 años, que vive con ella.
“Creo en el evangelio, pero no tenemos la costumbre, no ponemos arbolitos ni pesebres, porque creo que son cosas paganas, aquí se comparte con el corazón lleno de amor”, asevera.
Para la noche preparan gallina.
La comida es temprano, se reúnen en la iglesia, invitan a amigos y disfrutan de un día de confraternidad.
Saben que los villancicos, las luces y la cena o los regalos hoy no es lo más importante. 
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