Actualizado hace: 9 horas 26 minutos
PORTOVIEJO.
Con un disparo le ‘pagaron’ la gasolina de una motocicleta

Geovanny lleva consigo una cicatriz que lo acompaña por siempre. Él tampoco puede olvidar cómo llegó allí esa señal de violencia.

Martes 19 Diciembre 2017 | 04:00

Nuestro personaje hizo de la seguridad privada su forma de vida, y el modo de conseguir un ingreso económico para el sustento de su hogar.

Tiene más de 20 años en la actividad, y su instinto le ha permitido salir bien librado de varios atentados del hampa en su contra. “He tenido suerte y capacidad para reconocer cuando una persona se acerca a otra”, precisó.
Y fue en 1993 cuando se topó de frente con la muerte. Trabajaba como guardia de una gasolinera en la vía Portoviejo-Manta, y lo balearon.
 
> “CLIENTES”. Era una noche común y corriente, recordó Geovanny, en el momento en que arribaron dos sujetos a bordo de una motocicleta.
El guardia era a la vez quien proveía de combustible a los clientes. Esa noche, citó, uno de los motociclistas pidió el servicio, así que él se dirigió para ponerle la manguera en el motor del vehículo liviano.
A los pocos minutos, añadió, el surtidor se paralizó en el indicativo claro de que una parte del servicio había culminado. El guardia entonces se aproximó a la moto y el copiloto saltó sobre él. En una de sus manos estaba la manguera y con la otra el celador protegía su arma.
“No sabía si iban por la cartuchera o el dinero, pero no podía ceder ante sus intenciones”, recalcó.
 
> PELIGRO. El guardia soltó la manguera ya que consideró prioridad su vida, pues con el arma en manos de los extraños él estaba en riesgo. Ya para ese momento el conductor de la moto se estacionó bien y se sumó para arremeter contra el guardia.
Dos contra uno sucedió lo lógico: la fuerza bruta se impuso y un disparo sonó. El arma se activó y los proyectiles hicieron blanco en el abdomen de Geovanny.
“Sentí dolor y la sangre saliendo de mi cuerpo”, recordó; luego perdió el conocimiento y cuando abrió los ojos estaba rodeado de personas vistiendo de blanco.
“Por un momento pensé que eran ángeles y poco a poco recuperé los sentidos y me di cuenta de que eran médicos y enfermeras”, declaró.
 
> LASTIMADO. El disparo de la cartuchera dañó parte de los intestinos. 
Fue operado y pasó cuatro meses en tratamiento médico. De allí en adelante, recalcó, a pesar de la necesidad, trataba de no cumplir dos funciones en una. 
Si llenaba gasolina no hacía de guardia, “aunque a veces no había opciones y tenía que aceptar los empleos sin condición alguna”. 
Hoy en día Geovanny sigue siendo guardia de seguridad. La cicatriz le recuerda que hay gente mala rondando y que debe estar con los ojos bien abiertos.
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