Actualizado hace: 1 hora 3 minutos
¡Inocencio!
¡Inocencio!
Por: Pedro Vincent Bowen
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Domingo 17 Diciembre 2017 | 04:00

Antes de decidirme por el titular que encabeza esta nota, realicé una encuesta entre los lectores con quienes mantengo contacto vía WhatsApp. 

La pregunta planteada fue de lo más sencilla, con la finalidad de obtener el mayor número de respuestas: “¿Cómo denominaría usted a una persona que responde a todo: “yo no sé”, “yo no sabía”, “no he visto”, “no conozco”, “ignoro los hechos”, “no fui informado”, “se me pasó por alto”, “los informes nunca me llegaron”, “ha habido negligencia en los mandos medios”, “estoy rodeado de incompetentes”, “no lo recuerdo”, “desconozco si tiene contratos con el Estado”,  “la culpa es de la vaca”, etc. etc.?”
Las respuestas de mis contertulios no se hicieron esperar. Pero (el infaltable), no debo, ni puedo ni quiero repetirlas todas, especialmente epítetos de grueso calibre, para no herir susceptibilidades, porque tal no es mi intención… aunque ganas no me faltan.
Más bien dejo las deducciones a criterio de los inteligentes lectores que con toda seguridad ya intuyen la identidad del personaje que, como dice el refrán popular: “por sus obras y sus dichos los conoceréis”.
Sin embargo, exigido estoy a develar la identidad del aludido para evitar confusiones y por tratarse de un personaje que, para bien o para mal, forma parte inevitable de los últimos diez años de la historia del Ecuador.
Se trata por supuesto del expresidente Rafael Correa, que se niega a reconocer el desastre en que dejó al país, enemistados unos contra otros, con deudas externas récords que rebasan nuestras capacidades de pago y la vergüenza histórica internacional que representa la gigantesca corrupción que poco a poco está saliendo a la luz y que dará qué hablar durante las actuales y las siguientes generaciones.
Por lo menos hasta que se les agote a los grandes pillos las fortunas mal habidas, que no están dispuestos a devolver las platas de los sobornos, coimas, chantajes, peajes, comisiones u “honorarios profesionales” que mantienen escondidos en paraísos fiscales, en los techos, en los inodoros y en cuentas cifradas; pues prefieren aguantarse unos pocos años de cárcel para luego salir a disfrutar de la vida en cualquier parte del mundo, sin tener que trabajar, ni ellos ni sus descendientes.
Estamos llegando al final del espacio, por lo que se hace preciso “precisar con precisión” de qué manera vamos a llamar de ahora en adelante al único presidente ecuatoriano que nunca vio nada deshonesto, no conoció de robos y atracos de los fondos públicos; en suma, ignoraba hasta que su propio Gran Hermano tenía millonarios contratos con su Gobierno. 
Hablamos de “Inocencio”, que así llamaremos a Rafael Correa a partir de hoy.  
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