Actualizado hace: 46 días 12 horas 50 minutos
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Buscando a sus padres

Tres adultos cuentan sus historias de cómo fueron adoptados y la relación que tienen ahora con sus verdaderos padres.

Miércoles 12 Julio 2017 | 04:00

Marcos Intriago tiene 43 años, es profesor universitario y hace 20 años supo que es adoptado.
Su madre biológica falleció en el parto, y su padre, un campesino con once hijos que mantener, no podía hacerse cargo de él.
La familia que lo adoptó, un día le contó la verdad. Marcos entonces conoció que, a los dos días de haber nacido, su padre lo llevó al centro de salud  y lo entregó a una enfermera. 
“Estaba escrito, yo tenía que crecer con otra familia. No todos miran la adopción como algo bueno, pero yo me refiero al hecho de la oportunidad que me dio una familia que me quiso como suyo siempre”, dice.
Marcos reconoce que siempre se creyó hijo biológico de quienes lo adoptaron, pero no entendía por qué sus padres eran muy mayores (tenían más de 40 años cuando él era un bebé), y además la curiosidad crecía por la diferencia de edad con sus hermanos, pues era más que abismal: su hermana menor era 20 años mayor que él, expresa.
Cuando supo la verdad, su familia adoptiva permitió el contacto con su familia biológica. Esto aún se mantiene.
“Son muy humildes, han vivido con muchas carencias, por eso, cuando mi economía me lo permite, les voy llevando algo que les sea útil”, cuenta.
En el corazón de Marcos no hay espacio para el rencor. Está agradecido con lo bueno y lo malo que le ha tocado vivir, por ello está seguro de que algún día se repetirá la historia y será él quien le dé la oportunidad de una nueva vida a algún niño abandonado.
Marcos está casado, tiene dos hijos y su nueva familia conoce sus orígenes.
>bajas.  Las cifras de adopciones en el país no son altas. Desde enero hasta julio del 2016 se habían concretado 54, una de ellas internacional. Dos de cada 10 adopciones se aprueban a extranjeros a través de nueve agencias, en especial de EE. UU. y Suecia. En el 2015 hubo 136 adopciones nacionales y 15 internacionales, pero el promedio anual de solicitudes es de entre 400 y 450. Solo de 160 a 180 solicitantes logran la idoneidad, tras pasar informes médicos, psicológicos, legales, familiares y socioeconómicos, señala diario El Comercio.
Desde que se ingresa la solicitud de los interesados en adoptar, hasta que se les asigna un niño, pasan ocho meses. Previamente los postulantes deben haber sido declarados idóneos por el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). Ese paso toma 90 días. En total son 11 meses.
Cuando Miguel Mendoza y su hermana eran niños, siempre se repetían una pregunta que no tenía respuestas: ¿quién era su papá?
Miguel cuenta que siendo muy pequeños ellos preguntaban sobre su papá cada vez que había algún evento en la escuela.
Cuando tenían 8 años, fueron llamados a la privacidad de un cuarto para revelarles la gran verdad: él y su hermana eran adoptados. Como muy pocos casos, ellos fueron adoptados por una madre soltera.
“Hubo muchas inquietudes, muchas cosas por saber aún, pero ahora entiendo que ese no era el momento. Mi hermana y yo fuimos y somos felices, vivimos rodeados de amor, fuimos bien educados, nunca nos faltó algo”, reflexiona Miguel.
Sin embargo, quedó abierta la posibilidad de que, cuando ellos quisieran saber más, preguntaran sobre la verdadera identidad de su familia.
Ese día llegó, pero solo para él, porque su hermana melliza prefiere no hablar del tema. “Solo importa que estoy viva y rodeada de una madre y toda una familia que me quiere mucho”, dice ella.
Cuando Miguel tenía 21 años, preguntó a su madre el nombre y la dirección de donde podía encontrar sus raíces, y ella le ayudó.
Acompañado por sus dos mejores amigos, se dirigió hasta el sector donde todavía vive su madre biológica. “Como si fuera un periodista que va atrás de su noticia, pregunté y pregunté y no me costó mucho encontrarlos”, relata.
Hubo de todo, fue una mezcla de sentimientos. La curiosidad lo llevó hasta allá.
“Asumo que ellos no esperaban esa sorpresa. Llegué, pregunté por la señora y me identifiqué. Ella lloraba y no hacía más que pedir perdón”, revela Miguel, quien actualmente, con 31 años de edad, agradece a Dios y a la vida la bendición de haber sido adoptado.
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