Actualizado hace: 12 minutos
Un poco de “vida”

Gabriel Delgado cuenta su experiencia como preparador de personas muertas.

Viernes 07 Julio 2017 | 04:00

El primer muerto que le tocó preparar a Gabriel Delgado estaba sin cabeza. 

Él es tanatopraxista, se encarga de usar técnicas para conservar los cuerpos, y trabaja desde hace 20 años en la funeraria Santa Marianita.
La cabeza se la entregaron en una funda, un día después de la llegada del cuerpo. 
No fue hallada en el lugar del accidente de tránsito. Por el impacto de los carros, había volado varios metros fuera de la escena. 
Gabriel la limpió, la colocó en el ataúd y selló la caja para evitarles a los familiares un dolor más grande.  
El encuentro de Gabriel con la muerte inició mucho antes, cuando tenía 12 años de edad y vivía en Portoviejo. 
En una ocasión pasó por el cementerio y por curiosidad entró hasta la morgue, donde estaban preparando un cuerpo.
Al principio la situación le causó algo de pavor, pero se quedó allí, de pie, mirando todo el proceso. Al siguiente día volvió; había descubierto algo que lo llenaba de temor pero a la vez de curiosidad e incertidumbre. 
Con el pasar de los días se hizo amigo de Lizardo, preparador de cadáveres, quien le enseñó cómo se hacía este trabajo y los secretos para no tener miedo. 
Él nunca ha tenido pesadillas, asegura, pero en su casa sí han pasado situaciones paranormales. 
Recuerda que una noche se levantó para ir al baño y cuando regresó a su cama su esposa pensaba que él recién se estaba levantando.  Incluso le dijo que la tenía abrazada y que los dedos de su mano estaban bajo su costado. Para demostrarle que no era cierto la abrazó, y su mano se quedó muy lejos de donde supuestamente la tenía. Luego ambos se miraron y, sin decir palabra, supieron que un muerto había abrazado a la mujer. 
Este no es el único episodio que han vivido, pues en su casa es común observar sombras y puertas que se cierran solas. 
Además, manifiesta que con el pasar de los años su esposa ha desarrollado un raro “talento”. Cada vez que percibe olor a flores o a café, es porque alguien ha muerto y su esposo debe ir a prepararlo para su último viaje. 
 
En el mesón. Cuando un cuerpo está sobre el mesón en que trabaja Gabriel, su objetivo es tratar de darle un poco de “vida” y hacerlo parecer como si solo estuviera dormido. Para ello usa las manos: les da masajes y aleja la rigidez de los cuerpos que viene con la muerte. 
Pero la causa por la que murieron siempre es la que determina el tipo de masajes que necesita un cuerpo, dice. 
Por ejemplo, si ha fallecido de un infarto, el masaje se realiza en el lugar de la arteria carótida, que está en el cuello y parte alta del pecho. Cuando termina, le coloca maquillaje (no a todos), lo viste y lo pone en el ataúd para que sus familiares puedan llevárselo. A Gabriel no le da miedo. 
Recuerda que una vez terminó llorando con un hombre que había perdido a su hija. Ella tenía ocho años, y cuando estaba lista para ponerla en la caja su padre entró. 
El señor solo alcanzó a decir “parece como si estuviese dormida”, y se ahogó en llanto. Gabriel no pudo soportarlo y también lloró, porque pensó en sus dos hijos. 
De hecho, confiesa que preparar el cuerpo de un niño es su tarea más difícil. Pero, aunque la frase “parece que está dormido” suena a muerte, para Gabriel escucharla es saber que hizo bien su trabajo de darles un poco de “vida” a los muertos. 
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