Actualizado hace: 16 minutos
Serie A
Delfín SC, una historia con final feliz para Manabí

Delfín cambió el ánimo de Manta: De la tristeza por el terremoto a la alegría de ser finalista.

Lunes 03 Julio 2017 | 08:00

Desde el 16 de abril del año pasado, en Manta solo se hablaba del terremoto hasta que llegó Delfín y se adueñó de las conversaciones, en una ciudad que se contagió con el espíritu de lucha del cetáceo.

Ayer, nueve mil personas coparon las dos Generales de un estadio Jocay golpeado también por el sismo  que lo dejó sin Preferencia y con la Tribuna con problemas en su estructura y en el techado.
Esas nueve mil personas no dejaron de alentar sabiéndose testigos de una historia sin igual en la ciudad y en la provincia de Manabí: que un equipo, ganando a todos los grandes del torneo, se clasifique a la final y se asegure un cupo a la Copa Libertadores, un hecho histórico para el deporte manabita.

Los hinchas no dejaron de alentar ni cuando Liga de Quito se puso por delante en el marcador.
Entendían que este equipo no se rinde en los momentos difíciles y hace de estos una motivación para ir hacia adelante.
EL PARTIDO. Salieron los jugadores a la cancha y unos juegos pirotécnicos se elevaron sobre el cielo de un mediodía nublado. 
Roberto ‘La Tuca’ Ordóñez comenzó el partido de manera yendo hacia adelante, dejando en el camino a defensores albos. Si no hubiese sido por el golero Viteri, el estadio habría celebrado el gol de la apertura antes de los tres minutos.
En otra jugada, metió la mano para guardar la pelota a red. El árbitro lo castigó con amarilla. ‘La Tuca’ tenía hambre de gol.
Pero Liga de Quito, un equipo que puso a tres volantes centrales delante de sus cuatro defensores, llegó al gol jugando a la especulación. En una desconcentración, el venezolano Chancellor no pudo rechazar y anotó en propia puerta, al 44. El estadio hizo un silencio que no pasó de tres segundos. “¡Delfín, Delfín!”, gritó la afición enseguida, pero no hubo tiempo para mucho más. Se quedaron los jugadores en el centro de la cancha un minuto y se fueron al camerino.
El segundo tiempo fue otra historia: la de un equipo arrollador, contagiado por el apoyo de su  público y empujado por la responsabilidad de saberse histórico.
Empató ‘La Tuca’ Ordóñez apenas al minuto 2 con un cabezazo.
No bajó el ritmo el equipo cetáceo. Seis minutos después,  Jacob Murillo hizo una jugada de crack por el extremo izquierdo, metió una pelota al centro que recogió Nazareno y remató con derecha, “la manca”, para poner el 2-1. Nazareno  se estrenaba en la red, capitalizando una campaña excelente marcando la izquierda.
Liga, un equipo que había venido a defender, tuvo que salir a atacar obligado por el resultado. Y dejó espacios, y los espacios para Delfín son oro. 
Entró Andrés Chicaiza, a 8 del final, y se vistió de Iniesta. El nacido en Otavalo demostró que tiene una visión de juego exquisita. En la tercera pelota que tocó, filtró un pase exacto para ‘La Tuca’, que se quedó solo frente a Viteri. Ordóñez, un tipo que tiene apenas tres años jugando en Serie A tras 10 años en Ascenso y Serie B, no se inmutó: se sacó con una gambeta a Viteri y remató a red sin resistencia.
Era una fiesta que terminó de adornar un tanto de Mera, que había ingresado en la segunda parte. 
Luego vino el pitido del árbitro, los abrazos, el llanto, pero esta vez no de tristeza, sino de alegría.
Delfín, el equipo que tardó 15 años en volver a la Serie A tras deambular en Ascenso y Serie B, el equipo que incluso estuvo a punto de desaparecer por distintas crisis dirigenciales, era el ganador de la etapa.
En los graderíos había gente llorando, esa gente que el año pasado lloraba por la tragedia del terremoto, ayer lloraba de alegría porque Delfín le había dado una razón más para creer que volver a renacer es posible.
INVICTOS. Cuando Liga de Quito anotó, los jugadores del Delfín sacaron la pelota pronto de su arco. Los suplentes dieron apoyo desde el borde de la cancha aplaudiendo mientras decían “vamos, vamos”.
El cetáceo no se rinde facilmente. Lo demostró a lo largo de estas 21 fechas en las que está invicto sumando 13 victorias y ocho empates.
Ha obtenido 47 puntos de 63 posibles, un 74,6 % de efectividad.
Hasta ahora es el mejor local obteniendo 29 de 33 posibles con 87,8 % de efectividad y además es el mejor visitante con 18 de 30 puntos posibles con un 60 % de efectividad.
Además tiene el arco menos batido con 13 goles en contra y tiene junto a Barcelona la mejor ofensiva con 35 tantos.
Por eso, al final del cotejo, los jugadores albos se acercaron a felicitar al rival. “Se lo merecen, son un gran equipo”, dijo el delantero Hernán Barcos, figura del equipo blanco.
No hay palabras más exactas: un gran equipo. Todos corren, todos marcan, todos regresan cuando hay una pérdida de balón.
En Delfín, los goles los celebran todos: se van a una esquina, se arrodillan y señalan al cielo. Ni siquiera cuando se pusieron 4-1 arriba y la fiesta ya estaba armada dejaron de arrodillarse.
El entrenador uruguayo Guillermo Sanguinetti construyó su equipo alrededor de dos premisas: orden y sacrificio.
El orden para mantener la calma en los momentos difíciles y el sacrificio para revertirlos. La historia y la memoria ya tienen un lugar reservado para este equipo.
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