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El fútbol lo revivió

En febrero del año 2000, 220 voltios de energía tocaron la vida de Alejandro Ramiro Bolaños Carabalí.

Domingo 02 Julio 2017 | 04:00

El joven de 25 años perdió un brazo, pero no desmayó y ahora se destaca en el club de fútbol Talleres, de Santo Domingo.
Nacido en La Bota, un popular barrio de Carapungo (Quito), Alejandro recuerda como el polvo de la cancha de su barrio lo “bañaba” de pies a cabeza, antes de que su madre, Lucila Carabalí, lo llamara a cenar.
“Despertaba y me acostaba con el balón”, recuerda el ahora futbolista profesional, mientras se prepara con miras a su segunda semana de entrenamientos con el cuadro “aurinegro”, comandado por el técnico Aurelio Intriago.

EL ACCIDENTE. En una noche de feriado de Carnaval,  el accidente doméstico lo mantuvo internado en una cama del hospital Baca Ortiz de la Capital durante un año.
En ese episodio Alejandro, quien era comparado por sus amigos con el exfutbolista brasileño Ronaldo, por sus regates y entradas al área rival, perdió su brazo derecho, producto de la descarga eléctrica.
Psicólogos y sus amigos lo apoyaron incondicinalmente para que retorne a la cancha, pero para Alejandro su mayor apoyo lo recibió de su padre Álex Bolaños, quien trabajó como preparador de arqueros en clubes como Espoli y deportivo Quito.
La crítica de varias personas no desmotivaron a Alejandro, quien tras dos años de la tragedia probó suerte en el fútbol amateur, en el club Sandino, pertenenciente a la Liga Barrial de Carapungo.
“Los obstáculos eran obvios, como por ejemplo la falta de equilibrio, que me costaba mantener”, enfatiza Alejandro, quien es el único varón de cuatro hermanos. 
Para Alejandro es un orgullo decir que sus hermanas Karen, Dayanna y Nahomí, quienes radican en su natal Carapungo, también juegan fútbol.
“Con ellas practicaba en las noches y me ayudaban a fortalecer lo que hasta ese entonces era mi debilidad.
 
El “profe”. Los regulares 14 grados centígrados que se registran en Carapungo pueden llegar a “calar” los huesos, pero para Alejandro, más conocido como “El Bolo”, el frío es su forma de vida y es lo que más extraña, pero no tanto como a su madre.
Desde que llegó a Santo Domingo se rige al silbato del “profe” Aurelio Intriago, quien motiva al plantel para apoyar al jugador, a quien califica como un futbolista con potencial.
“Pese a su condición especial, muestra dotes de goleador y es lo que estábamos buscando para conquistar el objetivo con el club, que es el ansiado ascenso a la serie B”, expresó Intriago.
 
Oportunidades. En Santo Domingo “los moscos no me dejan vivir”, refiere Alejandro, pero sus ganas por salir adelante lo invitan a usar un repelente y saltar al campo de juego y alcanzar la gloria, tal como lo han hecho sus parientes como los conocidos futbolistas: Cristian “Diablito” Lara, Luis “Chucho” Bolaños y Walter “Mamita” Calderón.
En el 2008, Alejandro afirma que perdió la oportunidad de ingresar a un importante club de Riobamba, el Star Club.
Tras este tropiezo abandonó el fútbol y se dedicó a la vagancia, refiere, hasta que decidió, por voluntad, retornar a las canchas en tierra tsáchila y aprovechar la nueva oportunidad que Dios le dio para vivir, por su amor al fútbol.
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