Actualizado hace: 50 días 43 minutos
Un abrazo con el alma y el corazón

Un accidente laboral le quitó los brazos, pero no la esperanza y las ganas de seguir viviendo. En la actualidad Francisco Alvarado tiene 63 años de edad y lo que más anhela es abrazar a sus hijos.

Jueves 12 Enero 2017 | 15:00

Debido al percance que sufrió, solamente puede abrazarlos con el alma y el corazón.

Ana Mariscal cuenta que cuando recibió la noticia que su esposo estaba grave, actuó de manera inmediata para ayudarlo. El paciente fue trasladado al hospital del Seguro Social en Babahoyo,  posteriormente y debido a la complejidad en su salud, lo llevaron a Guayaquil.
Dolor. Ella no olvida el momento de angustia que vivió cuando lo vio por primera vez en el hospital. 
“Tenía los brazos destrozados, en el izquierdo se le veían parte de los huesos y en el derecho la piel estaba quemada”, recordó la mujer.
Un día normal de trabajo en la entonces Empresa Eléctrica de Babahoyo se convirtió en el peor de su vida.
Junto con su cuadrilla de labores, se desplazaron hasta la parroquia La Unión para reparar tres transformadores que habían sufrido averías.
“Ya habíamos desconectado los conductos principales de energía, todas las cajas negras estaban desconectadas, no había energía, pero cuando agarré un cable sentí la corriente, luego salí expulsado y me quedé colgado del poste porque usaba una correa de seguridad”, recordó.
Francisco reaccionó inmediatamente, miró a sus compañeros que lo observaban desde abajo, y su primera expresión fue: “Auxilio”.
Sobrevivió. Fueron 15 días los que Alvarado estuvo internado en estado grave, ya que  producto de la descarga sufrió daños internos.
A pesar del esfuerzo de los médicos por salvar sus extremidades superiores, ambas le fueron amputadas.
Desde aquel entonces él se tuvo que acostumbrar a su nueva vida. El empleo no lo perdió ya que siguió en la empresa como ayudante de seguridad hasta el 2011, pero ya no podía abrazar a sus hijos ni a su esposa.
Con el apoyo de ella y sus hijos ha podido salir adelante en los últimos 30 años.  Ellos han sido su soporte fundamental y le han ayudado con actividades cotidianas como bañarse, vestirse, ir al baño, comer y demás.
Vida. Este ciudadano babahoyense aconseja a los jóvenes, que “sigan trabajando y abracen a sus padres. Yo abrazo a mi familia, pero con el alma”, dijo.    
En la actualidad se dedica a pasear junto a su esposa y conversar con sus amigos.
Francisco se siente contento  y agradecido por la nueva oportunidad de vida que tuvo. Perdió sus brazos, pero nunca la ilusión de seguir viviendo.
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