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Litigar con  Heydrich
Litigar con Heydrich
Por: Carlos Intriago Macías

Miércoles 20 Julio 2016 | 04:00

La profesión de abogado es una de las más antiguas, practicada desde tiempos del Imperio romano, según los testimonios de la tabula pontificum y los escritos de Quintus Fabios, Licius Cincius, Caton el viejo y Tito Livio.

La justicia es, según Aristóteles, el grado eminente de la virtud; y en palabras de Ulpiano, la voluntad firme y continuada de observar la ley y la observancia de la moral. Es decir, la práctica de la justicia es una conducta firme que no admite excepciones o concesiones a pretexto de ejercer un cargo público. Esta profesión debe ser propia de quienes aman a la justicia y no de mercenarios, Por esto, ante cualquier situación de injusticia, un abogado debe convertirse en tribuno del pueblo, en el procónsul que contenga la esclavitud, el abuso de poder y la censura contra la prensa. El abogado es el maestro de la juventud universitaria y el artista escultor del mayor monumento a la verdad. 
El escritor francés Jean Giraudoux sentenció “No hay mejor forma de ejercitar la imaginación que estudiar la ley. Ningún poeta ha interpretado la naturaleza tan libremente como los abogados interpretan la verdad”, lo cual será teleológicamente correcto, si se nutren de la moral y la ética, para litigar en un tribunal y defender los Derechos Humanos ante el “poder”  que alardean los criminales.    
Por ejemplo, cómo no enfrentar y vencer al general de las SS Reinhard Heydrich,  jefe de La Policía Secreta Estatal Alemana (Gestapo) y otros órganos nazis. Entre sus iniciativas más impactantes están la implementación del Holocausto, la creación de un servicio de inteligencia interna para el partido nazi; y, el análisis de inteligencia y las medidas ejecutivas para eliminar a los que consideraba opositores visibles o aparentes para el Reich. 
Cualquier otro personaje histórico de su calaña queda como “niño de pecho”; tal es el caso de Maximilien Robespierre, el de la Revolución francesa, quien fue temido porque logró imponer el terror entre los que tenían rabo de paja y materializó un discurso elogioso de la compasión y la piedad en el padecimiento de las masas, que provocó un estado de ánimo de destrucción de la libertad, desatando la irrupción de la irracionalidad política y procesos imparables de violencia con  las peores crueldades e injusticias. 
Por la condición humana, todavía en estos días aparecen en los espacios sociales, políticos y universitarios, caricaturas de Reinhard Heydrich intentando imponer la mentira, el daño moral, el terror, el control del pensamiento y la persecución a periodistas, docentes y activistas de los Derechos Humanos, pero lo hacen en vano porque jamás subyugarán a los ciudadanos mientras existan auténticos defensores de la justicia, cuya luz inagotable ilumina a los pueblos.    
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