Actualizado hace: 3 horas 59 minutos
Tres meses después

Ya se cumplieron tres meses desde que la tierra sacudió al Ecuador. La provincia de Manabí, la más afectada, es la que más afronta las repercusiones económicas y humanas que deja un desastre de ese tamaño. Esmeraldas también fue golpeada pero en menor escala.

Martes 19 Julio 2016 | 04:00

En estos tres meses los habitantes de Manabí y Esmeraldas nos han demostrado la tesón de su carácter al buscar la vía a la salida post catástrofe. La sociedad civil nacional se distinguió por su gran capacidad de reacción y solidaridad, el gobierno por la celeridad en armar paquetazos tributarios y también en cierta capacidad de respuesta, dado que todavía no podemos evaluarla íntegramente no sería justo decir que no lo están haciendo, sería prematuro calificar esa gestión.

Lo que sí es observable es que todavía hay ciudadanos afectados que no se han acogido a los refugios oficiales y han preferido, voluntariamente, permanecer cerca de sus casas para proteger lo poco que les queda. Ellos dicen que no tienen asistencia del gobierno. Por otro lado, los refugios oficiales todavía mantienen refugiados en cola de recibir las casas que financiarían los impuestos y que se han empezado a repartir. Nos encantaría ver un reporte oficial sin propaganda, transparente y detallado sobre el manejo de los fondos. Hubo controversia en la repartición de donaciones y su manejo. Inclusive hubo una pelea. La demolición de las casas en la zona cero continúa  y con ella el sentido de desolación y el asbesto que la acompaña creando problemas de salud para la población.  Aún así, los manabitas están enfocados en sacar adelante su motor productivo, parte de la legislación post terremoto da lugar a oportunidades que pueden servir para potencializar la reconstrucción de la provincia no sólo en el sector pesquero que es fundamental para su economía sino para crear marca Manabí en turismo y gastronomía. Reposicionar la provincia es el gran desafío para aprovechar la crisis y capitalizarla a favor de sus habitantes.
En este contexto, la ayuda debe continuar pues el proceso no es fácil. Hay grupos que persisten en esta gestión. Como ciudadanos podemos ayudar con fondos, canalizando ayudas para fundaciones, con ropa, juguetes, víveres, medicinas, cualquier cosa pues la población más vulnerable necesita de estas y otras muchas ayudas. Esto no es solamente post terremoto, es parte de crear una conciencia social no polarizada de ayuda a quienes menos tienen y más necesitan. El golpe humano es el más fuerte, al final lo material es recuperable con suficiente entereza y visión, pero el otro marca el espíritu de todos quienes lo vivieron. Hay un antes y un después de la catástrofe, la visión sobre la vida cambia y se debe aprender a vivir en esta “nueva piel” de sobreviviente.  Tres meses después, con innumerables réplicas,  los afectados se van sacudiendo de la catástrofe en miras a un presente y un futuro diferente, ojalá mucho mejor.
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