Actualizado hace: 1 hora 3 minutos
Terror en la torre de control

Dos empleados cayeron de 15 metros de altura en el aeropuerto.

Lunes 18 Julio 2016 | 05:00

Un civil y un militar vivieron la peor pesadilla de su vida la noche del 16 de abril. 

Ese día, el terremoto los sorprendió en la torre de control del aeropuerto Eloy Alfaro de Manta.
La torre se vino abajo, era de cinco pisos y de una altura de 15 metros.
William Santillán y el militar Marcos S., quienes tienen  dos y 12 años, respectivamente, trabajando en el control del tránsito aéreo, la noche del sismo estaban en el quinto piso, donde se ubicaba el sistema de comunicación aérea que controla la llegada y salida de las aeronaves de la terminal.
Santillán recordó que junto a su compañero militar cumplían el turno de 14h00 a 22h00. Antes del movimiento sísmico, se encontraba haciendo deberes para la universidad porque aún no se aproximaba el  vuelo de Tame que llegaba de Quito. 
“De pronto sentimos el temblor y creímos que iba a parar y nos quedamos adentro, pero cuando el movimiento se tornó más fuerte, salimos al balcón que tenía el quinto piso de la torre, ahí nos agarramos de un reservorio de agua para no caer, ya que la torre se mecía con intensidad de atrás para adelante y sonaba feo, luego quedamos en tinieblas y escuché un fuerte estruendo. No recuerdo más porque perdí el conocimiento”, dijo.
Santillán agregó que cuando despertó se vio entre los escombros de la torre que cayó hacia la pista y escuchaba voces que decían “ya te van a ayudar”. 
No podía moverse porque tenía un pedazo de hierro incrustado en una de las piernas.
”Me contaron que fui auxiliado por un oficial de Policía que estaba en el aeropuerto para viajar a Quito”, mencionó.
Él cree que si hubiese intentado bajar  de la torre en el momento del terremoto estuviera muerto, ya que la estructura se desplomó desde el tercer piso. “He vuelto a nacer y a empezar de nuevo, aunque los recuerdos de esa noche no se borrarán, tampoco las huellas de las heridas marcadas en mi rostro, brazo y pierna izquierda”, señaló.
El militar, compañero de Santillán, cuenta que sacó fuerzas para no desprenderse del reservorio porque el agua almacenada los bañaba. “Nunca me imaginé que la torre se iba a desplomar hasta cuando escuché que sus bases se quebraron y que cayó”, dijo.
Marcos S. manifestó que en el momento del estruendo cerró sus ojos porque temía lo peor, pero luego los abrió y se dio cuenta que estaba cubierto de escombros en un espacio que formaba un triángulo de vida. 
“Como pude saqué fuerzas y con las manos levanté los pedazos de losa que me cubrían y logré salir a la pista, donde me di cuenta que la torre estaba desplomada y comencé a gritar el nombre de mi compañero, pero nunca me respondió. Yo lo creí muerto en ese momento, luego un policía me llevó a la clínica de la FAE. Estuve sangrando mucho y fue allá donde vi llegar a mi compañero en una silla de ruedas, lo que me alegró”, manifestó.
El militar dijo que en el momento del terremoto el vuelo de Tame estaba a cinco minutos del cono de aproximación. 
La operación fue abortada por otro compañero que opera en otro espacio del control  aéreo. “Él me cuenta que nos llamaba por radio para que avisáramos al piloto que no podía aterrizar, pero jamás le respondimos, en ese momento no estaba enterado que habíamos caído con torre y todo a la pista”, agregó.
Marcos S. dijo que el aterrizaje del avión era peligroso porque podría haberse cuarteado la pista. La plataforma de este aeropuerto no sufrió daños, dijo. 
La aeronave regresó a Quito. Actualmente el control del tránsito aéreo en Manta se lo hace con una torre móvil que funciona en una furgoneta de la Dirección de Aviación Civil.  
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