Actualizado hace: 27 minutos
Diez y siete cuentos…
Diez y siete cuentos…
Por: Melvyn Herrera
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Lunes 11 Julio 2016 | 04:00

Varios de ellos ya los había leído hace algunos años cuando el autor me los confió buscando mi opinión y posibles correcciones, lo que no sucedió sino en mínima forma, ya que su estilo y el contenido no lo requerían.

Entre otros, mi modesto pero favorable criterio de lo que leí, posiblemente lo animó a contactar con una casa editorial a efectos de imprimir su producción literaria para presentarla a la comunidad con el título “Cuentos que a mis hijos conté”, denominación que anticipa el texto de la obra, y así lo confiesa el autor, quien ahora narra al público, lo que él, habiéndolo escuchado de su padre y también recogido en su paso por la vida, amorosamente lo transmitió a sus tres hijos, y ahora, placenteramente nos da la oportunidad de leer esos diez y siete cuentos que contienen desde cuitas de un infante, como en “Mi árbol favorito”, hasta tiernos temas de amor profundo, tal como deben ser las relaciones entre padres e hijos. Hay otros cuentos a mi criterio jocosos a más de ingeniosos, como: “¡Uy San Pedrito!”, “Inocencia en la frontera” y el familiar y real “Revuelvan Revuelvan”.

No continúo con más descripciones porque considero que con lo anterior es suficiente para despertar el interés de los lectores de esta nota que estoy seguro pronto adquirirán el libro para, pienso, coincidir conmigo en la buena calificación del trabajo; más aún, confiándoles que lo que más me extrañó fue que, siendo el autor abogado de un grupo empresarial líder provincial, debe estar inmerso en los escritos propios de su profesión; esto hizo que me pregunte ¿de dónde sacó este hombre la sensibilidad plasmada en sus narraciones?, respondiéndome yo mismo con las propias confesiones del autor, cuando afirma que fue de su padre, en esos añorados tiempos en que los portentos tecnológicos que ahora abundan no nos separaban aún entre las generaciones, permitiéndonos compartir experiencias y obviamente cuentos, los mismos que él también los transmitió a sus hijos, al extremo que a sus dos hijas las inspiró y ellas mezclaron su arte con la literatura en la forma de las pinturas que decoran el libro que es muy agradable literaria y estéticamente.
Sin más preámbulos, identifico al autor del libro que ha merecido estas líneas, no siendo otro que el ameritado profesional del Derecho, Ab. Víctor Hugo Loayza Icaza, simplemente Tito para quienes gozamos de su amistad y confianza, por lo que recomiendo al público adquieran y lean la obra, sugiriendo lo hagan junto con sus descendientes y allegados, asegurándoles que van a pasar unos agradables momentos de unión familiar, que sería el dominante del libro comentado.
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