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Reencarnación
Reencarnación
Por: Boris Zambrano Cabrera

Viernes 08 Julio 2016 | 04:00

Constantinopla, Año del Señor 553: Justiniano I, Emperador de Bizancio, convoca al Quinto concilio ecuménico de la Iglesia para examinar las obras de los teólogos griegos Teodoro de Mopsuesto, Teodoreto de Ciro e Ibas de Edesa. Estas obras, conocidas como los Tres capítulos y que habían sido aprobadas por el cuarto concilio ecuménico, el Concilio de Calcedonia (451), fueron condenadas, así como anatemizados sus autores.

Pero el asunto más importante fue el pedido de Justiniano I de eliminar de las enseñanzas y doctrinas cristianas la reencarnación por asuntos netamente políticos, menciona el Dr. Richard Steinpach en la conferencia “Por qué vivimos después de la muerte” (Stuttgart, 1998) que hubiera pasado si unos pocos hombres –léase curas- hubieran tomado entonces otra decisión, “la reencarnación sería, para la humanidad de occidente, algo obvio y natural, a través de la cual se nos tornan verdaderamente comprensibles el amor y la justicia de Dios”. No sería necesario tropezar con murallas de dudas y de prejuicios para liberar nuestro pensamiento de esa espantosa limitación que nos impusieron porque unos pocos seres humanos se han arrogado el poder de determinar lo que debe ser considerado como verdad.
Lo mismo hicieron antes cuando decidieron qué libros irían a conformar la Biblia y cuáles serían declarados apócrifos, ya que a través de la religión se empezaba a dominar a la humanidad en la oscura Edad Media en Europa. Todo ser humano que se oponía a sus designios pasó por las armas del Santo Oficio, curas asesinos que quemaron y mataron a cientos de miles de personas, apropiándose de sus propiedades y bienes. Lo mismo hicieron en las Cruzadas, expediciones de saqueo y asesinatos, así como el despojo violento en la mal llamada conquista de América.
La reencarnación se da en este mundo o en cualquiera del universo en donde las leyes inmutables de Dios ejercen su acción, a través de las leyes naturales. Si creemos en un Dios justo y bondadoso como lo describe Jesús en el nuevo testamento, en sus enseñanzas y lecciones divinas, es lógico creer en la reencarnación que permite el retorno de cada alma a cumplir la misión encomendada desde el Supremo y a pagar (karma) deudas adquiridas en otras vidas aquí o en otro planeta, o, a recibir premio (darma). Esto es lo que nos permite entender por qué las aparentes grandes injusticias que se producen en el mundo, según el cristal que usemos para ver.
¿Por qué fulana nació en cuna de oro? ¿Por qué mengano que es un alma de Dios sufre tanto? Karma y darma. ¿Hasta cuándo se produce este ciclo de reencarnaciones o retornos? Cientos de veces hasta que logremos entender que fuimos puestos aquí para vivir en armonía con la naturaleza, con la humanidad y con el universo, es decir, con la creación. No hay santo o santa que te salve ni misa pomposa que te eleve a los cielos, ni tradición pagana que te evite la muerte segunda por la que volverás a ser piedra, tierra, planta, animal, persona. 
 
 
 
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