En un escenario donde la inseguridad y la crisis económica dictan la agenda, el Centro de Investigaciones y Estudios Especializados (CIEES) presentó su informe de febrero de 2026. Carlos Coronel, director de la institución, formó parte de un diálogo en Manavisión Plus y detalló por qué la esperanza de los ecuatorianos se ha reducido a la mitad en solo dos meses y qué significa el 38% de aprobación que hoy sostiene el presidente Daniel Noboa.
-Carlos, cuéntenos brevemente, ¿qué es el CIEES y qué función cumple en el país?
El CIEES es una empresa ecuatoriana fundada en 2008, dedicada a la investigación de mercado, opinión pública y consultoría. Operamos desde hace prácticamente 18 años en Ecuador y en distintos territorios de Latinoamérica. Hacemos una investigación mes a mes para "tomarle el pulso" a la sociedad; saber qué opinan los ecuatorianos sobre su estado de ánimo, sus preocupaciones y las expectativas que tienen las familias respecto al país.
-¿Cuáles son los resultados más críticos que han obtenido en este último mes?
El dato fundamental es el estado de ánimo. Fueron 820 encuestados, y de ellos, el 72% califica la situación actual como mala o muy mala. Lo preocupante es que esta cifra es muy similar a la de enero y diciembre; no varía. Cuando el pesimismo se estabiliza así, se convierte en un "pesimismo inercial" o crónico. Esto implica que empieza a existir una fatiga social respecto a lo que sucede en el país.
-¿Hay diferencias marcadas entre las ciudades principales?
Sí. En Quito, el 68% es pesimista, mientras que en Guayaquil esa cifra sube al 75%. Pero el dato más revelador es la expectativa a futuro: en enero, el 25% creía que el país estaría mejor en seis meses; en febrero, solo el 12% lo cree. Pasamos prácticamente a la mitad. Hubo un ajuste brusco de expectativas; la gente ya no está esperanzada en que suceda algo mejor, sino en una "estabilidad defensiva": que al menos no pase algo peor.
-Según el CIEES, ¿qué soluciones urgentes espera la ciudadanía?
Esperan gestión específica en tres problemas: la inseguridad (58%), la economía (17%) y un tercer eje que surgió con fuerza: mal gobierno o corrupción (23%). La gente requiere soluciones inmediatas. No pueden esperar procesos largos de planificación o compras públicas, por ejemplo, en salud. Si no hay respuestas rápidas, es difícil que la percepción mejore.
-Usted habla de una "reconexión emocional" necesaria por parte del Gobierno. ¿A qué se refiere?
A que no solo se trata de administrar, sino de conectar. Al preguntar qué palabra describe lo que sienten hoy frente al país, la principal emoción es la indignación (37%), seguida por el miedo (25%). Ninguna sociedad puede convivir sanamente bajo ese humor social. El desafío del gobierno no es solo hacer las cosas bien y rápido, sino contarlas con un sentido emocional que reconecte con el ciudadano.
-A un inicio de este diálogo usted indicó que las respuestas eran basadas en 820 estudios de caso. ¿Por qué el estudio no incluye a Manabí, siendo una de las provincias más conflictivas?
El diseño actual de nuestro estudio mensual tiene este alcance (Quito y Guayaquil) y hay que leerlo en esa dimensión. Sin embargo, es indispensable comprender realidades locales como las de Manabí, donde incluso entre cantones como El Carmen y Jipijapa hay diversidad de respuestas. Es una recomendación valiosa para futuros estudios que complementen esta visión.
-¿Se ha analizado la percepción internacional? Expertos dicen que Ecuador es visto afuera como un país inseguro.
Es difícil que la percepción externa sea de paz cuando las ciudades de Ecuador aparecen en los índices de homicidios internacionales. Pero hay una doble dimensión: mientras la percepción de seguridad es mala, el "Riesgo País" ha bajado en los mercados financieros. Esto es clave porque la segunda preocupación de las familias es la economía; ellos no ven la macroeconomía, sino el dinero que tienen en el bolsillo, la calidad de la comida que compran y la estabilidad de sus negocios.
-Ecuador es diverso y con ideologías muy marcadas. ¿Cómo logran que estos números cuadren con esa realidad?
Esa es la ventaja del diseño muestral. Trabajamos con 820 casos que son lo suficientemente representativos de la realidad de Quito y Guayaquil. Es un esfuerzo estadístico para que los números tengan sentido con la diversidad de criterios que existen en la política.
-Sobre la evaluación presidencial: ¿qué cifras maneja el CIEES sobre Daniel Noboa?
En febrero encontramos una calificación positiva del 38% y una negativa del 60%. Es llamativo ver a un presidente que ganó hace poco estar por debajo del 50%. En comparación con enero, las cifras casi no cambian (estaba en 37%). Esto nos habla de un posible estancamiento: no pasa nada que haga que esto cambie. Es una respuesta de orden político más que estadística.
-Carlos, para finalizar, ¿estos informes llegan a las autoridades? ¿Influyen en algo?
Esa es una pregunta para los gobernantes. Nuestro trabajo busca incorporar elementos al debate público. Estos estudios no son para mostrar simpatía o antipatía, sino que son instrumentos de gestión para fortalecer la gobernanza y construir confianza en la sociedad.

