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Centenares de personas se manifestaron este sábado contra de la violencia de género en Quito, la capital ecuatoriana, donde el mes pasado fue asesinada María Belén Bernal tras haber ingresado en la Escuela de Formación de la Policía a visitar a su esposo, principal sospechoso de su muerte y ahora prófugo.

Varios manifestantes portaban un cartel con la fotografía de María Belén Bernal, esposa del teniente Germán Cáceres, contra quien se ha activado la alerta roja de búsqueda en 195 países.

“Necesitamos respuestas y justicia ¡Ni una menos!”, “Educación feminismo no feminicidio”, rezaban algunas pancartas que portaban hombres y mujeres, que partieron desde el parque El Arbolito, en la zona de entrada al centro histórico de Quito, en un camino hacia la Comandancia de Policía, en el centro norte de la ciudad.

“Yo también sueño con ser una abogada valiente como María Belén Bernal”, se leía en otro cartel en referencia a la mujer, cuyo cuerpo fue hallado diez días después de su desaparición en una zona cercana a la Escuela Superior de Policía.

El caso de Bernal ha indignado y conmovido a todo el país y se ha convertido en uno de los hechos más emblemático de la violencia contra la mujer al haberse producido dentro de una instalación policial, lo que ha llevado a la madre de la víctima, Elizabeth Otavalo, a calificarlo, incluso, de “crimen de Estado”.

Para Rocío Rosero, coordinadora de la Coalición Nacional de Mujeres de Ecuador, el caso demuestra “cómo la impunidad campea en la administración de justicia, cómo no se protege a las víctimas de violencia. Los policías cuestionan y ponen en duda nuestra palabra”.

SIN REGISTRO DE SALIDA

Los hechos ocurrieron el 11 de septiembre, cuando Bernal acudió a la Escuela Superior de Policía a visitar a Cáceres, que ejercía de instructor en ese centro formativo, ubicado al norte de Quito.

Los estamentos de control tienen el registro de ingreso de Bernal, pero no de salida de la Escuela.

El cuerpo de Bernal fue hallado diez días más tarde en un cerro cercano a la Escuela de Policía con señales de estrangulamiento, de acuerdo con lo informado por la Policía a partir de la autopsia.

Cáceres está en paradero desconocido después de que pusiera una denuncia por la presunta desaparición de su esposa y rindiera una primera declaración ante la Fiscalía en los primeros días de la desaparición, sin que en ese momento se formulasen cargos contra él.

“DEMOLER EL PATRIARCADO”

La Justicia ecuatoriana aceptó el viernes el pedido de la Fiscalía para que no se derribe el edificio de la Escuela Superior de Policía donde, presuntamente, ocurrió el asesinato de Bernal.

El pedido se presentó después de que el jefe de Estado, Guillermo Lasso, anunciase el pasado lunes que derribarían el inmueble “una vez que la Justicia, la Fiscalía y los jueces hayan obtenido de este edificio todas las pruebas necesarias” para esclarecer el caso.

“No queremos demoler un edificio, vamos a demoler el patriarcado”, rezaba un cartel que portaba una manifestante, que lucía vestimenta negra y un pañuelo morado atado al cuello.

Rosero dijo a Efe que convocaron a manifestaciones en 23 ciudades de Ecuador, y también en Buenos Aires y Barcelona.

Piden fortalecer las estructuras institucionales encargadas de las políticas de igualdad de género y prevención de la violencia, por lo que han planteado la creación de un Ministerio de las Mujeres y las Diversidades, así como presupuesto que incluya la atención a las demandas urgentes de las mujeres.

“VIVO CON MIEDO”

De su lado, la escritora María Montalvo comentó a Efe que la marcha es por todas las desaparecidas y “contra la impunidad y la mirada del Estado que no hace nada. Nos sentimos indefensas”.

“Vivo con el miedo constante de convertirme en una cifra”, se leía en otra pancarta en la manifestación en la capital de Ecuador, país que registra más de 200 femicidios, en lo que va del año, según organizaciones sociales y de derechos humanos.

Un cartel pegado en una de las paredes por donde pasaron los manifestantes anotaba “Ni el Estado ni la Policía me cuida. Me cuidan mis amigas (…) No descansaremos hasta ver arder el estado femicida”.

En una larga pancarta, que portaban tres personas y que cubría casi todo el ancho de una avenida, se leía “Se lo debemos a las que nuca volvieron”, mientras otros pintaron “Vivas nos queremos”, y unos más portaban un cartel con la pregunta: “¿Quién nos cuida de la Policía?”.