La enfermedad renal crónica es una patología silenciosa y progresiva que se desarrolla como consecuencia de múltiples condiciones médicas y hábitos de vida, explicó la nefróloga Vanessa Villavicencio en entrevista con Manavisión Plus, al analizar su impacto sanitario y social.

La especialista señaló que esta afección no aparece de forma aislada. La diabetes constituye la principal causa, seguida por la hipertensión arterial y, en tercer lugar, la obesidad, que dejó de considerarse únicamente un factor de riesgo para convertirse en una causa directa de insuficiencia renal. Este escenario resulta especialmente preocupante en poblaciones con alta prevalencia de sobrepeso.

Villavicencio advirtió que existen otros detonantes menos visibles, como el ejercicio físico extenuante sin hidratación adecuada, que puede provocar rabdomiólisis, una lesión muscular grave que libera enzimas que el riñón no logra procesar, llevando a diálisis e incluso a desenlaces fatales.

Una afección que avanza sin síntomas 

Uno de los mayores desafíos médicos es que la enfermedad renal crónica no presenta síntomas específicos en sus etapas iniciales, según la especialista. Los pacientes suelen sentirse bien hasta que la función renal se reduce de forma significativa, momento en el que aparecen cansancio, náuseas, vómitos, somnolencia o edemas, señales que no siempre se manifiestan en todos los casos.

Cuando el paciente identifica estos signos, el daño suele estar avanzado y las posibilidades de reversión son limitadas. El objetivo del tratamiento, en muchos casos, se centra en retrasar el ingreso a diálisis y preparar al paciente para esa etapa. En Ecuador, la mayoría de diagnósticos se realizan en estadios intermedios, cuando ya se ha perdido una parte importante de la función renal.

Existen además causas inmunológicas que pueden afectar a cualquier persona, como lupus, vasculitis o síndrome de Sjögren, donde el propio sistema inmune ataca al riñón. A esto se suma la automedicación, especialmente con antiinflamatorios de uso común, cuyo consumo excesivo puede acelerar el deterioro renal, sostuvo la doctora.

Cifras que preocupan al sistema de salud 

En términos estadísticos, Villavicencio indicó que hasta 2022 se registraban cerca de 21.000 pacientes en diálisis a nivel nacional, una cifra que representa un gasto aproximado de USD 28 millones mensuales para el Estado. Manabí se ubica como la segunda provincia con más pacientes, solo detrás de Guayas, y por encima de Pichincha.

Este comportamiento se relaciona con la alta prevalencia de diabetes en la provincia, influenciada por patrones alimenticios. En Portoviejo funcionan alrededor de cinco centros de diálisis que operan a plena capacidad, incluso con turnos adicionales, lo que evidencia una detección tardía de la enfermedad, manifestó Villavicencio.

Otro grupo vulnerable identificado corresponde a trabajadores del campo expuestos a altas temperaturas y deshidratación prolongada. En estos casos se ha detectado daño renal no asociado a enfermedades tradicionales, una condición descrita en la región como nefropatía mesoamericana.

Alimentación, controles y educación temprana 

La alimentación juega un papel determinante en la progresión de la enfermedad renal crónica. Dietas ricas en calorías, proteínas y sal, combinadas con sedentarismo y mala hidratación, aceleran el deterioro renal. Por ello, la especialista insistió en la necesidad de educar desde edades tempranas sobre hábitos alimenticios saludables.

En cuanto a los controles médicos, recomendó chequeos anuales en adultos, incluso en ausencia de síntomas, mediante exámenes de sangre y orina que permitan detectar alteraciones tempranas. En niños nacidos con bajo peso o prematuros, el seguimiento debe iniciarse desde la infancia, debido a su menor masa renal.

Actualmente existen tratamientos farmacológicos que permiten reducir la pérdida de proteínas en la orina y retrasar la progresión de la enfermedad si se detecta a tiempo. Sin embargo, cuando el daño alcanza estadios avanzados, el manejo se enfoca en postergar el ingreso a diálisis.

Un libro para comprender y cambiar hábitos 

Como parte de su labor educativa, Villavicencio presentó su libro "¿Qué comer si tengo enfermedad renal crónica?", una obra nacida de la experiencia diaria en consulta. El texto explica todo en un lenguaje accesible y ofrece orientaciones claras sobre alimentación, cantidades adecuadas y sustituciones posibles con productos disponibles en casa.

La publicación no es solo un recetario, sino una guía de educación para pacientes y familias. Incluye recetas adaptadas a la gastronomía latinoamericana, con énfasis en platos tradicionales de Manabí, ajustados para reducir sodio y proteínas sin sacrificar sabor.

Disponible en formato físico y digital en Hallmark y Amazon, el libro busca reforzar un mensaje central: la información y la educación son herramientas clave para mejorar la adherencia al tratamiento, retrasar complicaciones y preservar la calidad de vida de los pacientes.