La decisión con la que Ecuador prohibió la exportación de semillas crudas de tagua, vigente desde diciembre de 2025 por cinco años, ha provocado efectos inmediatos en la cadena productiva del sector, con impactos en precios, contratos internacionales, abastecimiento de materia prima y sostenibilidad económica para recolectores, exportadores y artesanos, en Manabí.
Aunque la regulación busca frenar la sobreexplotación de una especie endémica del Litoral, actores del sector advierten que la aplicación inmediata de la medida, sin un periodo de transición, ha generado tensiones comerciales y productivas. Exportadores reportan compromisos externos afectados, mientras artesanos y recolectores enfrentan encarecimiento, escasez de tagua y riesgos para la conservación de los taguales.
Algunos datos del impacto comercial
Entre 2020 y 2024 se exportaron 868,97 toneladas de semillas crudas de tagua.
El valor acumulado fue cercano a USD 849.900.
El precio promedio de exportación fue de USD 0,98 por kilogramo.
En 2024, los envíos de pepas alcanzaron 327 toneladas, antes de la prohibición.
Efectos contractuales tras restricción sobre la tagua
La prohibición fue aprobada el 13 de diciembre de 2025 por el Comité de Comercio Exterior (Comex) y establece la restricción total para exportar pepas o semillas de tagua bajo cualquier régimen aduanero. La normativa no afecta a productos transformados como discos o piezas semiprocesadas, botones o artesanías, que siguen habilitados para el comercio exterior.
Sin embargo, desde el sector exportador se ha señalado que la ausencia de un periodo de transición complicó el cumplimiento de contratos ya firmados. Alba González, exportadora de tagua, indicó que varias empresas manabitas mantenían compromisos con compradores internacionales al momento de la entrada en vigencia de la regulación.
González explicó que, aunque la discusión sobre la prohibición no era nueva, su aplicación inmediata obligó a ajustes logísticos y financieros. La exportadora advirtió que el impacto no se limita a las empresas, sino que se extiende a los recolectores, quienes dependen del precio que se paga por la pepa en origen.
Efectos en precios y conservación del recurso
Según el sector, la regulación puede generar una reducción en el precio que reciben los campesinos que cosechan y cuidan los taguales. De acuerdo con González, si el ingreso por la pepa disminuye, los recolectores podrían dejar de conservar los árboles, lo que representa un riesgo ambiental.
Experiencias previas muestran que, en periodos de baja demanda internacional, la caída del precio de la tagua llevó a la tala de taguales silvestres para dar paso a cultivos maderables o de ciclo corto, reduciendo las poblaciones naturales del recurso.
Desde la perspectiva artesanal, el encarecimiento de la materia prima ya se sentía antes de la prohibición. Pilar Quispe, del taller Artesanías Karen, en la parroquia Sosote (cantón Rocafuerte), señaló que en menos de un año el precio del quintal de tagua pasó de 20 dólares a rangos de entre 60 y 80 dólares, acompañado de una marcada escasez.
Escasez de materia prima y ajustes productivos
Quispe explicó que la falta de tagua obligó a rechazar pedidos y a mantener precios finales pese al aumento de costos en insumos, energía eléctrica y materiales importados. Además, indicó que gran parte del abastecimiento artesanal depende de intermediarios en Manta, donde operan botoneras encargadas del secado y selección.
Según versiones recogidas en ese mercado, una porción significativa de la tagua en bruto salía al exterior, principalmente con destino a China, lo que redujo la disponibilidad local. Esta dinámica obligó a los artesanos a modificar su forma de compra.
Actualmente, los talleres adquieren solo el material estrictamente necesario y previamente clasificado por tamaño y calidad, lo que incrementa el costo unitario y limita la producción diaria.
Valor agregado frente a restricciones
Desde el sector artesanal se reconoce que la prohibición puede favorecer el valor agregado local si se garantiza el acceso a la materia prima. Fabián Cobeña, artesano, señaló que una pepa de tagua tiene un valor aproximado de 10 centavos, mientras que una pieza trabajada puede alcanzar entre $1 y $1,25.
Con un quintal de tagua, cuyo precio fluctúa entre 45 y 60 dólares, se pueden elaborar entre 300 y más de 1.000 piezas. Esto depende del tipo de artesanía. No obstante, Cobeña indicó que la falta de programas de apoyo limita una exportación directa más rentable para los artesanos.
Históricamente, la mayor demanda de tagua se concentró en la fabricación de botones. Esta actividad requería grandes volúmenes de materia prima y contribuyó a la escasez, lo que motivó discusiones previas para restringir la salida del producto en bruto.
Contexto ambiental y alcance territorial
No existen cifras oficiales actualizadas sobre la superficie exacta de taguales en Manabí. Esto, porque la recolección se realiza en poblaciones naturales o semi-silvestres en zonas como Montecristi, Rocafuerte, Jipijapa y comunidades como Matapalo o El Cruce.
Autoridades y especialistas coinciden en que la disminución de estas poblaciones está vinculada a la deforestación y al reemplazo por otros cultivos. Por ello, la Resolución 016-2025 del Comex establece que durante los cinco años de vigencia se fortalecerán la regeneración natural y el encadenamiento productivo con valor agregado. Mientras tanto, se mantienen habilitadas las exportaciones de productos transformados.

