La tranquilidad de Picoazá, en Portoviejo, se vio brutalmente interrumpida el pasado sábado por la noche con el hallazgo de tres cuerpos baleados en un camino de tercer orden, que posteriormente fueron identificados como menores de edad oriundos de Guayaquil. Las víctimas del asesinato, con edades comprendidas entre los 15 y 17 años, fueron ejecutadas lejos de su hogar, dejando un rastro de dolor y un sinfín de interrogantes sobre los motivos de este atroz crimen.

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Los jóvenes fallecidos respondían a los nombres de Guillermo Melesio Lascano Manzaba, Elian Ezequiel García Guerrero y Karla Morantes Molineros. La noticia de su trágico final conmocionó profundamente a sus familias, especialmente a la madre de Elian García, quien recibió la devastadora llamada de la Policía mientras esperaba noticias de su hijo. La mujer, visiblemente afectada, llegó al Centro Forense de Portoviejo para el doloroso proceso de identificación y esperaba la entrega del cuerpo de su primogénito, de tan solo 15 años.

Eran novios

Según el testimonio de la madre de Elian, su hijo mantenía una relación sentimental con Karla Morantes, y ambos víctimas de un asesinato residían en Guayaquil. Era habitual que Elian pernoctara en casa de Karla, ubicada en el Batallón del Suburbio, por lo que su ausencia inicial no generó alarma. La última vez que lo vio fue el domingo 11 de enero, cuando salió hacia la casa de su novia. Posteriormente, Elian comunicó que se quedaría a dormir y, ante la insistencia de su madre, le informó que prolongaría su estancia un día más.

La preocupación comenzó a crecer cuando, el martes, Elian le comentó a su hermana menor que habían viajado a Jipijapa con la intención de visitar un río. Días después, a través de mensajes, el joven confesó que estaban pasando hambre y, de forma inesperada, comenzó a pedirle perdón sin ofrecer mayores explicaciones. Estos mensajes, llenos de angustia, serían las últimas comunicaciones directas con su familia antes del fatal desenlace.

Los habrían engañados

Las autoridades manejan como una de las principales hipótesis que los menores habrían sido engañados y trasladados a Jipijapa, aunque las causas exactas de este engaño y el posterior crimen aún se desconocen. Los últimos mensajes de Elian con su hermana menor se registraron hasta el sábado, el mismo día en que, horas más tarde, su madre recibió la llamada que cambiaría su vida para siempre.

Fue a través del teléfono de Elian que un agente de la Policía se contactó con la madre. En un primer momento, ella imaginó que sus hijos habían sido aprehendidos por alguna circunstancia menor. Sin embargo, la voz del agente le confirmó la inimaginable noticia: su hijo, aquel que llevó en su vientre por nueve meses, había sido asesinado en un lugar que jamás había visitado. La conmoción fue total, y tras un momento de desesperación, la mujer emprendió el viaje a Portoviejo, con la esperanza de recuperar el cuerpo de su hijo para llevarlo de vuelta a Los Vergeles, al norte de Guayaquil, donde residían.

Sin respuestas

La madre de Elian, sumida en el dolor, aún busca respuestas sobre por qué almas criminales decidieron acabar con la vida de su hijo, su novia y otro menor que ella no conocía. Mientras tanto, su teléfono se llenó de mensajes de condolencias, testimonio del cariño que Elian había cosechado entre sus compañeros, amigos y docentes del colegio Dolores Sucre de Guayaquil, donde estudiaba.

Entre los mensajes de apoyo, llegó uno de la madre de Karla Morantes, quien hasta ese momento no había podido ser contactada. En una llamada desgarradora, la madre de Karla preguntó por su hija, desconociendo por completo que también había sido víctima del brutal asesinato. Una voz entrecortada, acompañada de gritos desesperados, exigía explicaciones sobre el paradero y la suerte de su hija, una explicación que la madre de Elian, en su propio dolor, no podía ofrecer. Sin más opción, la madre de Karla también se vio obligada a viajar desde el Batallón del Suburbio hasta Portoviejo para retirar el cuerpo de su hija.

Posible secuestro

Las familias de los jóvenes, especialmente la de Elian García, creen firmemente que los tres menores fueron secuestrados y posteriormente trasladados hasta Picoazá, donde fueron ejecutados. Esta hipótesis se sustenta en el hallazgo de casquillos de bala en el lugar del crimen, así como de cuatro mochilas. La presencia de una mochila adicional sugiere la posibilidad de que una cuarta víctima pudo haber estado presente y logrado escapar del ataque, ya que la pareja de novios fue encontrada junta, mientras que Guillermo Lascano yacía abatido metros más adelante, aparentemente en un intento desesperado por huir.

Los cuerpos de los jóvenes eran esperados en Guayaquil para su velación y posterior sepultura, en medio de un profundo dolor y la angustia de sus familiares, quienes claman por justicia y respuestas a las innumerables preguntas que rodean este trágico suceso.

Mientras tanto en la casa de Elian García nada será igual, su dormitorio quedó cómo la última vez en la que durmió en su cama que aún conserva su olor corporal, aquel que su madre lo tiene impregnado en sus recuerdos. (22)