La captura de Nicolás Maduro marcó un punto de quiebre emocional para cientos de venezolanos que residen en Portoviejo. La noticia, difundida rápidamente por llamadas y mensajes, fue recibida con una mezcla de sorpresa, esperanza y una prudencia forjada por años de frustraciones políticas. Para muchos, no se trató de una celebración inmediata, sino de un momento de pausa, reflexión y expectativa.

María Calzadilla, migrante venezolana de 33 años, vive en la capital manabita desde hace ocho años. Al conocer la noticia, su reacción inicial fue de impacto. Los antecedentes de engaños políticos y fraudes electorales en Venezuela le impidieron asumir la información con entusiasmo inmediato. Aunque reconoce que el hecho genera ilusión, prefiere esperar y observar cómo se desarrollan los acontecimientos.

Para ella, el escenario representa una oportunidad inédita para millones de venezolanos que han debido abandonar su país. La posibilidad de un cambio real abre puertas que parecían cerradas durante décadas, aunque la permanencia de figuras clave del poder mantiene la cautela entre quienes siguen el proceso desde el exterior, contó a El Diario.

Tienen esperanza tras la detención de Nicolás Maduro

Calzadilla considera que uno de los efectos más significativos de este nuevo escenario es la posibilidad de volver a visitar Venezuela sin el temor constante a controles militares, abusos o extorsiones en pasos fronterizos. Ese simple acto, volver sin miedo, se ha convertido en un anhelo compartido.

En lo personal, Portoviejo representa para ella un espacio de reconstrucción. Describe a la ciudad como solidaria y acogedora, un lugar donde pudo rehacer su vida junto a su esposo, su padre y amigos venezolanos con quienes hoy trabaja. Aunque el retorno definitivo no está en sus planes inmediatos, la noticia renueva la ilusión de reencontrarse con familiares y pensar en un futuro distinto.

Una experiencia similar vivió Tibisay Varela, quien recibió la noticia de manera inesperada. Fue su hijo quien la llamó a las 06h00 de este sábado para contarle lo ocurrido. El impacto fue inmediato y profundo, marcado por incredulidad y emoción contenida. Tras seis años y medio en Ecuador, Varela ha logrado estabilidad y una nueva etapa personal.

Para procesar lo sucedido, decidió viajar a la playa junto a su familia, buscando calma en medio de una noticia que removió recuerdos y esperanzas. Sin embargo, la incertidumbre persiste, especialmente por la situación de sus familiares en el centro de Venezuela, donde, asegura, el ambiente sigue siendo tenso.

Decisiones postergadas y fe en el futuro

Durante este día, la idea de regresar a su país cruzó varias veces por su mente. No obstante, prefiere no apresurar decisiones y dejar el futuro en manos de la fe, a la espera de cómo evolucionen los hechos políticos. Actualmente trabaja en una cadena farmacéutica en Ecuador y se muestra agradecida por las oportunidades que ha recibido, sin dejar de anhelar paz para su país de origen.

La venezolana Glendys Rivero, de 46 años, también vive en Portoviejo desde hace ocho años. Para ella, la noticia genera alivio, pero no despeja del todo el temor acumulado tras más de dos décadas de dictadura y represión. Emigró en busca de seguridad y estabilidad, y desde entonces ha construido una vida sólida en Ecuador.

Rivero considera que el giro político abre una posibilidad largamente esperada, aunque el miedo sigue presente. “Tenemos familia en Venezuela, da mucho temor. No pueden hablar, nuestros familiares están en silencio. Cuando queremos hablar con ellos estamos en incertidumbre. Aunque queremos celebrar, gritar, tenemos mucho miedo todavía. Hay que esperar”, expresó.

La permanencia de estructuras del chavismo y de grupos civiles armados mantiene la preocupación entre quienes tienen parientes en Venezuela, comentó. Muchas familias, explica, optan por el silencio como mecanismo de protección, incluso en sus conversaciones con el exterior. “Es una alegría que no sabemos si celebrarla, esperar o callar. Quizás programemos más adelante una vigilia entre venezolanos (en Portoviejo)”, comentó.

Análisis político desde Manabí

Desde una mirada más estructural, Patricio García, integrante de la Comisión Anticorrupción en Manabí, sostiene que la crisis venezolana es consecuencia directa del irrespeto a la democracia, la libertad y el orden internacional. Considera lamentable el uso de la fuerza, pues evidencia el fracaso de los organismos internacionales para canalizar una salida institucional.

A su criterio, el desconocimiento de la voluntad popular y la consolidación de un régimen totalitario desembocaron en una tragedia humanitaria, visible en la migración masiva de venezolanos. García plantea la necesidad de justicia con sanciones claras y sin impunidad, pero sin venganza, y advierte que estos hechos deben generar una reflexión regional sobre el respeto a la Constitución y al Estado de derecho.

Por su parte, Julio Villacreses, vocero del colectivo ciudadano Todos por Manabí, analizó la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, ejecutada por Estados Unidos en Caracas y su posterior traslado a Nueva York. Calificó el hecho como “un triunfo en doble sentido”, señalando que cuando “el fascismo se empodera de las instituciones republicanas, como ocurrió en Venezuela, se vuelve extremadamente peligroso y no existen mecanismos internos para removerlo”.

En su análisis, Villacreses afirmó que este tipo de intervenciones, aun cuando “violan el orden internacional”, se producen cuando no queda otra vía para frenar lo que calificó como genocidio y una diáspora forzada que expulsó a millones de venezolanos. Valoró la operación como precisa, aunque llamó a la coherencia internacional frente a otros conflictos globales con graves violaciones a derechos humanos.

Expectativa, prudencia y un futuro abierto luego de la captura de Maduro

Villacreses recordó que el aislamiento político de Maduro ya era evidente en Europa y en la mayoría de países democráticos de América Latina. Subrayó que Ecuador, desde los gobiernos de Lenín Moreno y Guillermo Lasso hasta la actual administración de Daniel Noboa, ha desconocido el carácter democrático del régimen venezolano, con excepción de sectores políticos específicos.

Advirtió que, pese a la captura, aún permanecen figuras clave del poder en Venezuela, por lo que consideró indispensable evitar una segunda intervención militar. Para él, el escenario más adecuado es una transición ordenada, el reconocimiento del presidente legítimamente electo, Edmundo González, y la conformación de un gobierno de unidad nacional.

Mientras tanto, en Portoviejo, la comunidad venezolana permanece atenta. Entre la esperanza y el temor, la noticia ha reavivado una ilusión colectiva que, aunque contenida, vuelve a encender la posibilidad de un reencuentro con su país.

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