Tras los recientes comicios presidenciales en Colombia, el consultor político David Mateus manifestó en Manavisión Plus que el triunfo de Abelardo de la Espriella responde a una efectiva campaña emocional y aseguró que el electorado eligió a un outsider para recuperar la seguridad, la economía, y mejorar sus relaciones internacionales. 

Asimismo, cuestionó la gestión de Gustavo Petro al señalar que sus políticas antitécnicas provocaron una grave crisis de salud, dieron ventajas al crimen organizado y desvanecieron recursos públicos por corrupción.

- ¿Qué lectura le deja la victoria de Abelardo de la Espriella como nuevo presidente de Colombia?

Toda victoria debería celebrarse; en Colombia hay muchísimos ciudadanos que hoy están contentos. Sin embargo, también hay que precisar, no por un afán de ser pesimistas, que fue una victoria un poco apretada. Estamos hablando de apenas 250.000 votos y de un solo punto porcentual de diferencia.

No obstante, él es el legítimo ganador y, bueno, con esto se vienen indudablemente nuevos tiempos para Colombia, para la ejecución del gobierno y para todas las relaciones internacionales, por ejemplo con el Ecuador, que lamentablemente han sido un poco golpeadas durante estos últimos cuatro años.

- Cuando manifiesta usted que se vienen nuevos tiempos para Colombia, ¿a qué ejes específicos nos podemos referir sobre este tema?

Estamos hablando puntualmente de tres o cuatro cosas medulares que el candidato y hoy presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha sostenido. Lo primero es recuperar la seguridad del país. Colombia, lamentablemente, durante estos cuatro años le dio muchísimo espacio y muchísima ventaja a las organizaciones criminales nacionales y transnacionales.

Solo en el sector del Catatumbo tenemos al menos 100.000 desplazados; tenemos regiones enteras en las cuales la gente está confinada por los grupos armados, no los dejan salir de sus territorios, e incluso controlan casi que la vida personal de los ciudadanos, determinando hasta la hora en la que deben entrar a sus hogares. Así que una de las acciones perentorias que tiene que hacer el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella es recuperar la seguridad de la nación.

- El panorama de seguridad es crítico, pero ¿qué pasa con el bolsillo de los ciudadanos? ¿Qué propone en lo económico?

Lo segundo tiene que ver directamente con la economía. El presidente Petro, a inicios de este año, aumentó el salario mínimo de una forma que algunos analistas consideran antitécnica o irresponsable. Ese incremento exagerado hoy se está sintiendo de una forma no precisamente positiva en la cotidianidad: a muchísimos hogares no les está alcanzando el dinero porque la inflación aumentó de inmediato.

El presidente De la Espriella lo que ha dicho es que no va a bajar el salario mínimo tampoco podría hacerlo porque la Constitución se lo prohíbe, pero ha anunciado que va a bajar impuestos. Al bajar la carga impositiva, se espera que el dinero empiece a alcanzar en los hogares y que las empresas tengan un respiro real para poder aumentar sus ganancias, contratar más personas y lograr que el desempleo disminuya.

- Un respiro impositivo. ¿Y respecto a los servicios básicos del Estado, como la salud?

Lo tercero es recuperar el sistema de salud, al cual este gobierno saliente llevó a una crisis intencional, una crisis autoprovocada por el mismo Ejecutivo. El año pasado murieron más o menos unas 2.000 personas que eran pacientes con enfermedades huérfanas o enfermedades raras; eso no pasaba en Colombia desde hace más de 30 años. Esa cantidad de decesos por este tipo de patologías es inaceptable, porque en el país siempre se les había garantizado el derecho a la salud y el derecho a la vida.

- Es una cifra alarmante. Finalmente, ¿cuál sería el cuarto elemento de su lectura?

 Un cuarto elemento clave es la lucha contra la corrupción. Este gobierno ha tenido unos escándalos de corrupción bastante fuertes en los cuales se ha robado o se ha desaparecido bastante dinero de los recursos públicos. La lucha contra la corrupción debería ser frontal, y el presidente electo ha dicho que va a crear un grupo de búsqueda anticorrupción para encontrar a los corruptos y rescatar los dineros que se han estado robando.

- ¿A qué le atribuye el triunfo de Abelardo de la Espriella considerando el hecho de que la derecha tradicional o la oposición a Petro estaba enmarcada en Álvaro Uribe, cuya candidata propia logró una muy baja votación?

Se lo atribuyo, primero, al candidato. Si uno lo mirara estrictamente desde el punto de vista del marketing político, Abelardo de la Espriella como candidato era y es un producto muy vendible, un excelente producto en términos de marketing y de comunicación. En segundo lugar, muy de la mano con lo anterior, su equipo de campaña hizo un trabajo impecable; ellos entendieron aquello que desde la academia se viene discutiendo hace algunos años: que las campañas políticas son 100% emocionales.

Le hablaron directo a las emociones de la gente, supieron cómo conectar. No fue tampoco una campaña vacía de contenido o de discurso; de hecho, a nivel programático tenía un sustento muy fuerte, muy marcado y con muchas convicciones, como mencionaba antes, pero se dedicaron estratégicamente a emocionar a las personas. Yo creo que principalmente operaron esos dos elementos. Luego, por supuesto, entran factores adicionales como el descontento de más de la mitad de la población en contra de este gobierno.

- La diferencia fue mínima. ¿Fue un voto totalmente libre en las urnas?

Si bien los números del escrutinio indican que la victoria fue apretada, hay que decir que existen regiones del país en las que la gente votó de forma obligada por Iván Cepeda, presionada por los grupos criminales. Aquí en Colombia a eso le llamamos el 'voto fusil', y eso sucedió de forma cruda en el campo y en los municipios. En las ciudades, en cambio, se presentó el fenómeno de presionar a los funcionarios públicos del Estado para que votaran obligatoriamente por Iván Cepeda, e igualmente se presionó a los estudiantes y profesores de las universidades e instituciones públicas.

Así que los números oficiales indican que la victoria fue reñida, pero en la realidad yo estoy seguro de que muchos de esos votantes que marcaron la casilla de Iván Cepeda de forma obligada o presionada, hoy están contentos con el triunfo de Abelardo y hubieran querido votar libremente por él. Esto lo digo para remarcar el hecho de que existe un inconformismo muy pronunciado en contra del presidente Petro y de su grupo político, precisamente por el aumento de la inseguridad, la violencia, la crisis de salud, la corrupción y porque el dinero no alcanza.

- ¿Y dónde queda la figura histórica de Álvaro Uribe en este nuevo escenario?

En cuanto a lo de Álvaro Uribe: él sigue siendo un líder político muy fuerte en Colombia, pero así como ocurre en el fútbol o en otros aspectos sociales, los relevos generacionales son inevitables. Prácticamente Abelardo de la Espriella recoge el discurso de Uribe pero incorpora elementos adicionales y modernos, porque la dinámica política ahora ha cambiado. Así que uno podría afirmar que quizás ya no estamos hablando tanto de un 'uribismo', sino de un 'abelardismo'. Sin embargo, más allá de los 'ismos', lo verdaderamente importante es solucionarle los problemas reales a la gente.

- Las elecciones polarizan, pero el país necesita estabilidad. ¿Cómo se vivió la noche posterior al conteo?

Abelardo de la Espriella ya empezó a marcar la pauta. Anoche, en su discurso de aceptación de la victoria, dijo que no iba a haber vencedores ni vencidos y le garantizó plenamente los derechos políticos a la oposición. Fue un discurso sumamente democrático, incluso mucho más democrático que el discurso de derrota de Iván Cepeda.

Y esto Provocó que el mismo presidente y los líderes del oficialismo llamaran a la calma a la gente que había salido a protestar, pidiéndoles que aceptaran el resultado de las elecciones una vez que las autoridades competentes determinen oficialmente los datos. Se estimaba una noche y una mañana de protestas bastante álgidas en las calles, y finalmente no sucedió; una de las razones fundamentales de esa calma fue el discurso conciliador y democrático del presidente electo la noche de ayer.

- ¿Está Abelardo de la Espriella realmente preparado para gobernar?

Soy politólogo de academia, estudié ciencias políticas. A uno en la universidad le enseñan muchísimas cosas con respecto al manejo burocrático del Estado y pareciera que existe un chip académico y social que le dice a uno, y a la sociedad misma, que solo los políticos tradicionales están capacitados para dirigir las instituciones.

Pero cuando uno ve que hay políticos de carrera que toman medidas antieconómicas y antitécnicas, cualquier ciudadano se pregunta con justa razón: si se supone que son políticos profesionales, ¿por qué toman decisiones tan poco profesionales? Esto es lo que lleva a la gente a votar por un candidato de perfil 'outsider' como Abelardo. El ciudadano dice: 'Bueno, si los políticos profesionales no están respondiendo a los problemas, vamos a darle la oportunidad a alguien que es un profesional exitoso, pero fuera de la política'.

- Más allá de su perfil independiente, el gobernar requiere de un equipo técnico potente. ¿Tiene De la Espriella ese respaldo?

Finalmente, muchos consideramos que los problemas en Colombia están incluso sobrediagnósticos; aquí lo que se necesita con urgencia es voluntad política. El presidente Abelardo de la Espriella ya dio un primer paso fundamental para conformar un equipo serio al escoger como su compañero de fórmula al vicepresidente José Manuel Restrepo, un hombre con un carácter y una hoja de vida completamente técnica: ha sido ministro en dos ocasiones y rector universitario en cuatro oportunidades.

El mismo Abelardo lo ha dicho abiertamente: él no tiene ningún problema en rodearse de gente que en ciertos aspectos esté más capacitada que él, porque finalmente se concibe a sí mismo como un gerente de lo público. Yo particularmente creo que está capacitado para cumplir sus promesas y, bueno, esperemos a ver cómo le va. Una cosa es lo que se dice en campaña y otra el ejercicio del poder; hoy el sentimiento es bastante optimista, pero sin lugar a dudas hay que someterlo a la prueba del gobierno.

-¿Esto tiene que ver con un sentimiento de antiprogresismo, o lo que antes se llamaba socialismo, chavismo o castrismo? ¿Por qué la gente está optando por presidentes de derecha?

Confluye todo lo que usted acaba de mencionar, sin embargo, quiero ampliar un poco el contexto. Lo que pasa es muy simple: cuando el dinero no alcanza en el hogar y cuando el crimen aumenta de forma desbordada y tenemos que ser francos, las políticas de izquierda históricamente llevan a que el dinero no alcance en las familias, a que la gente no llegue a fin de mes.

Eso está totalmente probado; no me lo estoy inventando, está evidenciado en varias partes del mundo, no solo en América Latina. Cuando el crimen aumenta y las personas no pueden transitar libremente en su propio país, o incluso son oprimidas en su cotidianidad por bandas criminales organizadas, nacionales o transnacionales, eso hace que la ciudadanía reaccione y diga: 'Mire, muy bonita la política social, muy hermoso el discurso de los derechos, pero yo necesito primero que el dinero me alcance y necesito que no me roben ni me maten cuando salga a la calle'. Ese es un primer elemento básico, estamos hablando casi de un instinto de supervivencia.

Junto a la urgencia económica y de seguridad, se nota un fuerte arraigo a las corrientes más conservadoras. ¿Existe un rechazo a las agendas progresistas modernas?

Luego viene el tema de los derechos o de este discurso de corte más 'woke'. La gente adopta una postura clara: 'Mire, que cada quien haga con su vida privada lo que quiera, pero yo creo en la familia, creo en la protección de los niños y creo en ciertas tradiciones'. Romper con esas estructuras tradicionales tampoco le está funcionando a la sociedad.

Lo menciono porque algo que fue muy marcado en el discurso de Abelardo de la Espriella, y de varios líderes que están ganando en la región, es la defensa de las tradiciones y de la familia tradicional. La gente dice: 'Mire, esto estaba funcionando antes, dejó de funcionar con los nuevos modelos y parece que la sociedad se empezó a desordenar por completo'. El ciudadano común de verdad anhela un gobierno que defienda estos valores tradicionales como una especie de esperanza y refugio frente a toda la incertidumbre que estamos viviendo.