Gisella Perl, médica ginecóloga nacida el 10 de diciembre de 1907 en Sighet (entonces Hungría, hoy Rumania), fue deportada en 1944 a Auschwitz junto a su familia, donde fue asignada por Josef Mengele como médica en el campo de mujeres.

Al descubrir que las prisioneras embarazadas eran enviadas a experimentos o a la muerte, decidió realizar abortos clandestinos para salvar sus vidas, una acción que documentó en su autobiografía. Sobrevivió a Bergen-Belsen, emigró a Estados Unidos, ejerció en Nueva York asistiendo miles de partos y se radicó en Israel, donde falleció en 1988.

Su historia ilustra tanto el horror del Holocausto como las decisiones éticas extremas tomadas por prisioneros médicos. 

Un entorno judío

Gisella Perl creció en una familia judía acomodada de Sighet. Su padre, Maurice Perl, era comerciante; su madre, ama de casa. Tenía seis hermanos y la educación religiosa era central: leían la Torá diariamente y observaban el Shabat. A los 16 años se graduó primera de su clase, como la única mujer y única judía en lograrlo.

Su deseo de estudiar medicina encontró resistencia paterna por temor a que abandonara la fe. Perl juró sobre un libro de oraciones mantener su identidad judía. Su padre cedió. Al recibir su primer honorario médico, compró otro libro de oraciones con el nombre grabado de su padre, quien lo llevó consigo al crematorio de Auschwitz.

Estudió medicina en Berlín, pero regresó a Hungría en 1933 tras la llegada del nazismo y la expulsión de médicos judíos. Se casó con el cirujano Ephraim Krauss y ejerció como ginecóloga exitosa. Tuvieron dos hijos: un varón y Gabriella (quien sobrevivió escondida).

Deportación

En marzo de 1944, tras la invasión nazi de Hungría, Perl fue detenida con sus padres y marido. Su hija pequeña fue escondida con una familia no judía. Viajaron cuatro días en vagones de ganado hasta Auschwitz. En la rampa de selección, su padre y marido le pidieron jurar que se reencontrarían en Jerusalén. Fue la última vez que los vio.

Seleccionada como una de las pocas médicas, Perl trabajó en un "hospital" sin camas, medicamentos ni instrumental. Atendía infecciones, heridas por latigazos y fracturas sin anestesia. Usaba su voz para consolar: relataba historias de futuro y celebraba Rosh Hashaná improvisada con las escasas raciones.

La orden de Mengele

Josef Mengele le ordenó reportar todos los embarazos, prometiendo mejor trato y leche. Perl descubrió que las mujeres eran usadas en experimentos y luego asesinadas. "Decidí que nunca más habría una embarazada en Auschwitz", relató.

Realizó abortos en barracones, de noche, con las manos sucias, sin instrumentos. En embarazos avanzados provocaba partos prematuros. "Nadie sabrá lo que significó para mí destruir a esos bebés, pero si no lo hubiera hecho, tanto la madre como el niño habrían sido cruelmente asesinados", escribió. Se estima que salvó a cientos de mujeres.

Un caso la marcó: asistió en secreto el parto de Yolanda, ex paciente húngara. Para ocultar el llanto del bebé, lo estranguló y enterró bajo cadáveres. Envió a la madre a la enfermería con diagnóstico de neumonía.

Traslado y liberación

En enero de 1945, durante la evacuación, Perl fue trasladada a un campo cerca de Hamburgo y luego a Bergen-Belsen, que describió como peor que Auschwitz. El 15 de abril de 1945, mientras entraban las tropas británicas, asistió el parto de una integrante de la resistencia. La niña fue la primera nacida en libertad en ese lugar.

Tras la liberación supo que su marido fue asesinado poco antes y su hijo en una cámara de gas. Intentó suicidarse sin éxito y se recuperó en un convento en Francia.

Vida en Estados Unidos

En 1947 llegó a EE.UU. como "embajadora de los seis millones". Eleanor Roosevelt la invitó a almorzar kosher y la instó a retomar la medicina. Inicialmente interrogada por sospechas de colaboración (exonerada por testimonios de sobrevivientes), obtuvo la ciudadanía en 1951 gracias a un proyecto de ley del congresista Sol Bloom.

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Abrió consultorio en Park Avenue y trabajó en el Hospital Mount Sinai, especializándose en infertilidad. Asistió alrededor de 3.000 partos. Antes de cada uno repetía: "Dios, me debes una vida, un bebé vivo". Sus pacientes eran mayoritariamente sobrevivientes del Holocausto.

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Publicó en 1948 I Was a Doctor in Auschwitz, uno de los primeros testimonios en inglés sobre el Holocausto y la violencia contra las mujeres. El libro fue adaptado en 2003 a la miniserie Out of the Ashes.