El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este miércoles que las autoridades de Irán solicitaron un alto el fuego, al tiempo que indicó que Washington "estudiará" esta petición una vez "abran el estrecho de Ormuz".
Estos dichos llegan poco más de un mes después del inicio de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra el país asiático.
Trump insiste en que destruirá Irán
En un mensaje difundido a través de redes sociales, Trump indicó que "el nuevo presidente del régimen iraní, mucho menos radical y mucho más inteligente que sus predecesores, acaba de pedir un alto el fuego a Estados Unidos".
Así, recalcó que el país podría considerar esta posibilidad una vez la reapertura del estrecho de Ormuz sea "clara, abierta y libre". "Hasta entonces, vamos a reducir a Irán a cenizas o, como dicen, devolverlo a la Edad de Piedra", apuntó.
Se niegan a abrir el estrecho de Ormuz
Sin embargo, las autoridades iraníes indicaron este mismo miércoles que Estados Unidos "no recuperará el acceso al estrecho de Ormuz", el cual "solo podrán atravesar aquellos que cumplan con los términos impuestos por Irán".
"El estrecho reabrirá, claramente, pero no para ellos; estará abierto para los que cumplan con las nuevas leyes de Irán", afirmó el jefe de la Comisión de Seguridad del Parlamento iraní, Ebrahim Azizi, en un mensaje en redes sociales.
Aunque no ofreció muchos detalles al respecto, aseguró que "los 47 años de hospitalidad se han acabado para siempre", unas palabras que llegan poco después de que el primer ministro británico, Keir Starmer, anunciara que busca reunirse con decenas de países para abordar la posibilidad de una reapertura.
El estrecho de Ormuz, un acceso clave
El estrecho de Ormuz es el punto de estrangulamiento geopolítico más crítico del planeta.
Ubicado entre Omán e Irán, conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, siendo la principal vía de tránsito para casi el 20% del consumo mundial de petróleo.
Su importancia radica en su extrema estrechez; el canal de navegación tiene apenas tres kilómetros de ancho en cada sentido, lo que lo hace vulnerable a bloqueos o ataques.
Cualquier interrupción en este paso dispararía los precios energéticos globales, desestabilizando economías enteras. Es, en esencia, la arteria vital del comercio energético y el epicentro de la seguridad internacional.
