Enfrentar el mundo con un hijo con discapacidad es un camino de desafíos y aprendizajes. Para Carmen Molero, presidenta y fundadora de la Fundación Corazón de Crystal, este camino fue doblemente retador. Su hija, Crystal, de 9 años, llegó con un complejo diagnóstico, abriendo los ojos de Carmen a una realidad de desamparo para otros padres. La fundación, que nació hace apenas tres años, ya asiste a 300 niños con diversas discapacidades, ofreciendo terapias y ayudas técnicas.
¿Cómo nació la idea de crear la Fundación Corazón de Crystal?
La Fundación Corazón de Crystal nace inspirada en mi hija, Crystal. Ella tiene 9 años y desde que nació ha traído muchísimas sorpresas y patologías. Lo más visible inicialmente fue el pie equinovaro, y luego comenzaron a aparecer otras dolencias: hipoglucemia severa, convulsiones, temas del corazón que requieren una cirugía a corazón abierto, y estrabismo. Todo esto ha afectado su desarrollo neurológico, no puede hablar ni expresarse bien.
Desde el día uno que ella nació, tuve la necesidad de un acompañamiento, no hay un programa que nos ayude a entender esta gran responsabilidad cuando nace un niño con discapacidad. Yo comencé a vivirlo sola y me preguntaba: ¿por qué no podemos reunirnos más mamás y conversar de cómo nos estamos sintiendo?
¿Cómo pasó de esa necesidad personal a fundarla como institución?
Yo vivo metida en hospitales y centros terapéuticos y me he rodeado de muchas mamás. Era inevitable escuchar sus historias. La idea de fundamentarla como institución surgió de mis amigos, quienes me decían: “Oye, si tú ayudas a tantas personas, quizás constituyéndola puedas tener más herramientas”. Finalmente, hace tres años, se constituyó la fundación.
Actualmente, ¿Quiénes están con usted en este proyecto?
La fundación está constituida por mi persona. Todavía no tenemos un equipo estructurado, aunque sí contamos con muchos voluntarios. Pero el tema de la fundación es una responsabilidad grande, y no muchas personas tienen el tiempo o la pasión que me apasiona a mí. Sigo en la búsqueda de un equipo que quiera acompañarme en esta aventura y se comprometa a ir a los barrios, conocer los casos y escuchar las historias.
¿Qué tipo de ayuda brindan a los niños y madres, y cuántos han ayudado?
Actualmente, asistimos a 300 niños con sus mamitas. Comenzamos con unos cinco que yo conocía de las terapias. Nuestra fundación atiende a todas las discapacidades. Damos terapias físicas, de lenguaje, ocupacionales y ayudas técnicas. Trabajamos mediante convenios con entidades como el Consejo Provincial, que nos asigna terapistas, y también articulamos con municipios, como el de Manta.
¿Cómo financian todos estos proyectos?
Con 300 niños, necesito alianzas estratégicas. Se han sumado empresas como Asiservy, la ACNUR, TPM, Mall del Pacífico, además de amigos y el Club Rotary.
¿Qué proyectos tienen en marcha en este momento?
Arrancamos con las salas sensoriales en instituciones educativas. Ya inauguramos la primera en Talentos de Manta. Queremos replicar esto en todas las instituciones que nos lo soliciten, porque es una necesidad que beneficia tanto al niño como a la profesora.
¿Cuál es su mayor sueño hoy?
Antes soñaba con ver a mi hija en sus 15 años, con que fuera a la universidad. Pero de tenerla tantas veces en coma mi sueño ya no es ese. Mi sueño es despertarme y sentir que está ahí. Vivimos un día a la vez.

