Tras el reciente acuerdo entre el Gobierno, empleadores y trabajadores para fijar el Salario Básico Unificado (SBU) en 482 dólares para el año 2026, el debate sobre el impacto real de esta medida en la economía familiar se intensifica. En este espacio de Manavisión Plus, dialogamos con el economista y analista Gerardo Verdecia, quien sostiene una postura crítica: el problema del Ecuador no es el monto del salario, sino una estructura laboral rígida que no logra crear nuevas plazas de trabajo formales.
-Economista, se ha logrado un consenso inédito para subir el salario a 482 dólares. ¿Qué lectura le da a este incremento de 12 dólares alcanzado en las mesas de diálogo?
Efectivamente, se ha logrado un consenso, un hecho inédito en Ecuador desde hace casi una década. Normalmente, esto ha sido una imposición del gobierno de turno ante la falta de acuerdo. Este incremento de 12 dólares, que en términos efectivos —considerando décimos y fondos de reserva— llega a unos 16 dólares mensuales, es el resultado de estas mesas. Sin embargo, hay un punto clave: los sindicatos pedían aumentos de hasta 100 dólares para igualar la canasta básica, pero yo lanzaría la reflexión de si el salario mínimo realmente representa la realidad del mercado laboral ecuatoriano. Solo el 37% o 38% de la población económicamente activa tiene un empleo adecuado. Es decir, poco más de un tercio de la fuerza laboral se beneficia de estos incrementos.
-¿Qué sucede con el resto de la población que no accede a ese empleo formal?
En la gran mayoría de la economía, el ingreso promedio está por debajo del salario mínimo; ronda los 350 dólares. Esto es un problema porque muchos pagos, multas y cobros públicos están anclados al salario básico. Si el salario sube, esos cobros aumentan, pero la realidad es que la mayoría de los ecuatorianos gana mucho menos. Estos aumentos continuos no se corresponden con el desempeño real de la economía. Es una discusión de años, se ha intentado cambiar la metodología con el Banco Mundial, pero seguimos ante aumentos desapegados de la realidad.
-¿Se sentirá ese valor en el bolsillo de la gente o se diluirá con las aportaciones obligatorias?
Los beneficiados serán muy pocos. El Gobierno dice que esto refleja el crecimiento del PIB del 3.5% en 2025, pero no hay que olvidar que ese crecimiento es un "rebote" tras la caída por los apagones en 2024. Si sumamos ambos años, el crecimiento desaparece. Lo preocupante es que hoy, en 2025, tenemos la misma cantidad de personas con empleo adecuado que en 2013. En doce años, con más población, no se ha creado empleo de forma estructural. Aumentar el salario mínimo así es como trampear la realidad o falsearla; se generan barreras para que las pequeñas y medianas empresas (Pymes) puedan contratar formalmente.
-Entonces, ¿este aumento de 12 dólares no es un valor acertado para usted?
No, porque el salario mínimo no representa la realidad. Para que se entienda: si yo quisiera que a alguien le vaya mal, le pondría un salario mínimo de cinco millones de dólares. Nadie lo contrataría porque nadie podría pagarle eso. Es un ejemplo extremo, pero ilustra que aumentos muy fuertes destruyen empleo. Más del 90% del empleo formal lo dan las Pymes, que no siempre tienen el músculo financiero para absorber estos costos. ¿Qué termina pasando? Que contratan en la informalidad, fuera del mercado formal que es muy rígido.
-¿Podríamos decir que esto perjudica indirectamente al empleo porque las empresas recortan personal o dejan de contratar?
Claro. Hay que ver el panorama completo. La informalidad es la norma: más del 50% de la economía trabaja sin afiliación. Tomar la decisión de subir el salario en un papel no cambia que el ingreso promedio sea de 350 dólares. Durante 15 años el salario ha subido, pero no se crea más trabajo. La realidad es que en Ecuador no hay trabajo, y cuando alguien lo encuentra, se choca con que los ingresos no son altos.
-También está el tema de las multas y los aportes que suben automáticamente...
Exactamente. Las multas de tránsito o por no votar suben porque son porcentajes del salario básico. Además, el costo total para el empleador aumenta: el aporte patronal, décimos, fondos de reserva, vacaciones... todo sube. Para un empresario, contratar a alguien cuesta mucho más de lo que el trabajador recibe neto. Esto es lo que pone el foco sobre la dificultad de crear empleo cuando la economía no crece realmente.
-¿Cuál sería entonces el momento ideal para aumentar el salario?
Cuando el país sea capaz de generar empleo formal de forma persistente. La informalidad genera incertidumbre. Deberíamos tener una tasa de empleo adecuado cercana al 100% y que el desempleo sea solo transitorio. Si el problema principal es la falta de empleo, aumentar el salario de forma artificial no soluciona nada. Primero hay que darle empleo a la gente para que luego los salarios puedan subir por la propia dinámica del mercado.
-Si usted hubiera estado en esa mesa de negociación, ¿qué habría planteado?
Yo lo hubiera mantenido constante, congelado, y habría propuesto diálogos sobre la creación de empleo estructural. No soluciones "parche" como el programa Jóvenes en Acción, que son subsidios temporales de tres meses. La solución real es crear condiciones para que la inversión privada, nacional y extranjera, aumente. El Estado no tiene recursos para contratar a todo el mundo; el foco debe estar en la inversión privada y en reformas concretas que hoy no se están discutiendo.
-Hay mucha gente que compara el salario con la canasta básica. ¿Es acertado ese análisis?
Yo creo que la realidad es incluso peor. La comparación no debería ser entre los 482 dólares (que pocos ganan) y la canasta, sino entre el ingreso real de 350 dólares y la canasta básica. Por eso hay pobreza y migración. Mi postura de no subir el salario no es por querer que la situación empeore, sino porque estoy viendo la realidad tal cual es. El primer paso para arreglar este problema estructural es generar empleo; si no hay empleo formal, al ciudadano le da igual si el salario básico se multiplica por diez, porque no lo va a recibir.
