El escenario intramuros en la Penitenciaría del Litoral sigue siendo el de una crisis humanitaria que no da tregua. Tras una reciente inspección de la mesa de Derechos Humanos, los comisionados se toparon con una realidad asfixiante: el hacinamiento ha llegado a niveles críticos, documentando celdas donde hasta trece personas intentan convivir en espacios diseñados originalmente para cuatro.
Fernando Bastias, abogado del Comité Permanente por los Derechos Humanos (CDH), fue tajante al señalar que estos hallazgos, aunque recurrentes, ratifican un abandono estructural que compromete la dignidad más básica. Si bien se registran algunos intentos estatales por articular respuestas —impulsados más por medidas cautelares de la CIDH que por iniciativa propia—, los resultados tangibles siguen siendo gotas de agua en un incendio.
Desnutrición extrema y el hallazgo de un cuerpo
Lo más alarmante de la jornada de visita en la Penitenciaría del Litoral fue la confirmación de una falla sistémica en la alimentación. Durante este martes, se reportó el traslado de más de cuatrocientos reos hacia el centro regional, todos con cuadros severos de desnutrición.
La movilización, que pretendía ser un trámite logístico, se tornó trágica cuando, al desalojar el pabellón cinco, el personal de criminalística tuvo que intervenir para el levantamiento del cadáver de un interno. Este evento, presenciado por los delegados de la mesa de diálogo, pone en evidencia que la falta de nutrientes en el penal no es un problema administrativo, sino una amenaza de muerte cotidiana. Mientras el pabellón cinco quedó vacío, en el número siete las brigadas médicas intentan frenar, a contrarreloj, los efectos de la insalubridad y el hambre.
Un presupuesto que no llega al plato
A pesar de que se anunció un incremento en el presupuesto asignado al SNAI, la percepción desde el interior de la Penitenciaría del Litoral es que dicho aumento no se ha traducido en mejoras. Según los defensores, la ejecución sigue siendo insignificante y la gente "se sigue muriendo de hambre". No se trata solo de mover reclusos de un lado a otro; se trata de atacar la raíz de un desabastecimiento crónico que ninguna cifra oficial ha logrado maquillar hasta ahora.
En los exteriores del recinto, la desesperación tiene rostro de mujer. Familiares de los detenidos mantienen una protesta activa con un cántico que ya es recurrente: "¡Queremos visita, vitualla y medicina!". Las familias denuncian un muro de silencio informativo y temen que enfermedades como la tuberculosis se propaguen sin control ante la falta de insumos básicos y atención médica real.
¿Hay avances reales?
Para la mesa interinstitucional que recorrió la Penitenciaría del Litoral, el desafío es separar los parches temporales de las soluciones de fondo. Se reconoce que el Ministerio de Salud ha intentado aumentar la frecuencia de las brigadas y que el policlínico del centro ya está operativo, una capacidad que antes era inexistente. Sin embargo, estas mejoras técnicas palidecen frente a la estadística de decesos vinculados a la higiene y la nutrición.
La mesa técnica continuará con las visitas in situ y reuniones de seguimiento. No obstante, el gran obstáculo sigue siendo la opacidad del SNAI al compartir información detallada. Sin transparencia operativa, los traslados corren el riesgo de ser simplemente una "redistribución de la miseria", sin que se logre estabilizar la situación humanitaria que hoy mantiene en vilo al sistema penitenciario ecuatoriano.

