Eran 13 naciones, un estadio construido en tiempo récord, balones que se disputaban al medio tiempo y delegaciones europeas que cruzaban el Atlántico en barcos durante semanas. Así empezó el Mundial de fútbol y que ahora es histórico por tener 48 combinados nacionales.
Era julio de 1930, y nadie imaginaba que aquel primer torneo organizado en Montevideo se convertiría, casi un siglo después, en el evento deportivo más convocante del planeta, capaz de paralizar países enteros y mover más de 80.000 millones de dólares en actividad económica global.
La Copa del Mundo de la FIFA no nació grande. Nació casi por accidente, de la voluntad obstinada de un abogado francés llamado Jules Rimet, y creció de la mano de la televisión, el dinero y la pasión universal por el fútbol.
El hombre detrás del sueño: Jules Rimet
Jules Rimet nació el 14 de octubre de 1873 en la pequeña localidad francesa de Theuley. Fue el tercer presidente en la historia de la FIFA, cargo que asumió el 1 de marzo de 1921 y en el que permaneció durante 33 años, el mandato más largo en la historia de la federación. Abogado de profesión y humanista de convicción, Rimet creía que el deporte podía tender puentes donde la política levantaba muros.
Fue el principal impulsor de la creación de una Copa del Mundo para el fútbol y lo consiguió: la confirmación llegó en 1928, y dos años después se celebró la primera edición en Uruguay. A los 81 años de edad, Rimet participó de su último acto ceremonial: la apertura de la Copa del Mundo de 1954 en Lausana, Suiza.
Ese año finalizó su mandato y fue nombrado primer presidente honorario de la FIFA. Falleció en 1956, a los 83 años, habiendo visto nacer y consolidarse el torneo que llevaría su nombre. Su nieto Yves lo recordó como "un humanista e idealista que creía que el deporte podía unir al mundo". No se equivocaba.
Mundial Uruguay 1930: trece naciones y un océano de por medio
La Copa del Mundo de 1930 se celebró del 13 al 30 de julio en Montevideo. Trece selecciones acudieron a la cita: siete de Sudamérica —Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay—, cuatro de Europa —Bélgica, Francia, Rumania y Yugoslavia (ahora divida en 7 países)— y dos de Norteamérica —Estados Unidos y México—. No hubo fase clasificatoria: la invitación fue directa, y las delegaciones europeas realizaron travesías marítimas de más de dos semanas para llegar al Río de la Plata.
La logística era, para los estándares actuales, primitiva. La Gran Depresión había azotado a gran parte del mundo. La mayoría de los jugadores europeos eran aficionados que temían perder sus empleos si pasaban meses fuera de casa en un viaje transatlántico. Ninguna nación europea había aceptado la invitación antes de la fecha límite de febrero de 1930.
El presidente Jules Rimet intervino personalmente, convenciendo a Francia, Yugoslavia, Bélgica y Rumania para que realizaran el viaje.
Uruguay fue elegida sede por el Congreso de la FIFA en 1929, gracias a su condición de campeón olímpico —1924 y 1928— y a que celebraba el centenario de su Constitución. El país se comprometió a costear los gastos de transporte y hospedaje de todas las delegaciones y construyó el 'Estadio Centenario', especialmente para el torneo.
La final deparó un capítulo insólito de la historia deportiva. El 30 de julio de 1930, dicho escenario desbordaba con más de 68.000 espectadores. Una locura para aquella época.
La rivalidad era tan intensa que surgió una disputa histórica por el balón: Argentina quería jugar con su pelota y Uruguay con la suya. El árbitro belga decidió que el primer tiempo se jugara con el esférico argentino y el segundo con el uruguayo. El local remontó el partido y se coronó campeón del mundo por primera vez, derrotando a los 'gauchos' por 4-2.
La Copa Jules Rimet: gloria, guerra y robo
Originalmente llamada 'Victoria', la estatuilla fue rebautizada en 1946 como Jules Rimet, en homenaje al dirigente francés que impulsó la creación de la Copa del Mundo. Diseñada por el escultor francés Abel Lafleur, estaba confeccionada en plata esterlina bañada en oro y sostenida sobre una base de malaquita. Medía 35 centímetros y pesaba aproximadamente 3,8 kilos. Su forma representaba a Niké, la diosa griega de la victoria.
El trofeo tuvo su propio drama bélico pues durante la Segunda Guerra Mundial fue escondido por un directivo italiano en una caja de zapatos bajo su cama para evitar que cayera en manos del régimen nazi. Tras la entrada de los aliados a Italia en 1943, el trofeo fue finalmente devuelto a la FIFA en 1947, a tiempo para el próximo torneo en Brasil.
La copa tuvo además dos robos. El primero ocurrió en 1966, en Londres, cuando fue sustraída de una exhibición pública semanas antes del Mundial inglés. Una semana después, un perro llamado Pickles la encontró envuelta en un periódico bajo unos arbustos. El segundo fue definitivo.
El reglamento de la FIFA establecía que la selección que lograra conquistar tres títulos mundiales se quedaría definitivamente con el trofeo. Brasil fue el primer país en lograrlo tras sus consagraciones en 1958, 1962 y 1970, motivo por el cual la histórica copa pasó a formar parte del patrimonio de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).
A comienzos de los años 80, la Copa Jules Rimet se exhibía en un cofre con un cristal a prueba de balas en una sala de la CBF, en el centro de Río de Janeiro. En la noche que iba del 19 al 20 de diciembre de 1983, un par de ladrones ingresaron, redujeron al guardia nocturno y forzaron el cofre, aparentemente inexpugnable, llevándose la copa.
Tras su robo en 1983, el trofeo nunca se recuperó y se cree que fue fundido y vendido. Solo queda un trozo de la base original, que está expuesto en la sede de la FIFA en Zúrich. Desde 1974, la FIFA entrega a cada campeón una nueva copa —diseñada por el escultor italiano Silvio Gazzaniga— que permanece en custodia de la institución entre torneos.
La guerra silenció el torneo: los Mundiales que nunca fueron
El fútbol no estuvo exento de la historia. Este evento deportivo se realiza cada cuatro años desde 1930, con la excepción de 1942 y 1946, en los que se suspendió debido al desarrollo y las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.
Luego de la edición de Francia 1938, el Mundial de 1942 ya tenía preseleccionadas candidaturas para organizarlo —Alemania y Brasil—. Sin embargo, el 1 de septiembre de 1939 estalló el conflicto bélico con la invasión a Polonia, y la FIFA tuvo que suspender el torneo, incluso antes de definir la sede.
Tampoco se pudo celebrar la Copa del Mundo de 1946. Si bien el conflicto finalizó el 2 de septiembre de 1945, los países estaban afectados por la devastación de la guerra. La FIFA quería que el torneo se disputara en 1949, pero ningún país del viejo continente quiso albergar el torneo.
El único interesado fue Brasil, con la condición de que se realizara en 1950. Así nació el torneo del 'Maracanazo', el más dramático de la historia, en el que Uruguay derrotó a la 'Canarinha' ante 200.000 personas en el estadio más grande del mundo.
Muchos jugadores murieron durante la guerra y varias selecciones desaparecieron temporalmente por los conflictos políticos y económicos. Doce años sin Copa del Mundo dejaron una generación entera sin su festival.
La revolución televisiva: cuando el mundo empezó a mirar
La primera Copa del Mundo transmitida por televisión fue la de Suiza 1954. Este evento histórico facilitó que millones de espectadores pudieran seguir los partidos en sus hogares. La transmisión llegó a países como Francia, Inglaterra y Alemania. La señal alcanzó aproximadamente 4 millones de hogares.
El salto fue exponencial. El Mundial de 2002 —primero de Ecuador— tuvo una audiencia acumulada superior a los 28.800 millones de espectadores y solamente la final tuvo 1.100 millones de espectadores en todo el mundo.
La edición 2022 celebrada en Qatar le reportó a la FIFA unos ingresos de 6.500 millones de dólares gracias a los derechos de televisión concedidos a las diferentes cadenas alrededor del mundo.
El balón también evolucionó de la mano de la televisión. En México 1970, Adidas se convirtió en proveedor oficial de la Copa Mundial y presentó el icónico Telstar. El diseño de 32 paneles —12 pentágonos negros y 20 hexágonos blancos— se transformó en la imagen clásica del balón moderno.
Su apariencia estaba inspirada en el satélite Telstar, famoso por transmitir las primeras emisiones internacionales de televisión. El contraste entre negro y blanco ayudaba a que el balón fuera más visible en las televisiones de la época.
De 13 a 48: la expansión histórica del Mundial
El crecimiento del torneo siguió una progresión deliberada. Uruguay 1930 tuvo 13 equipos y 18 partidos. En 1934, Italia recibió 16 selecciones. En 1982, España amplió el formato a 24 equipos. En 1998, Francia consolidó el modelo de 32 que rigió durante casi tres décadas.
Este Mundial será el primero de la historia en contar con 48 selecciones, con 12 grupos de cuatro equipos cada uno. Los dos primeros y los mejores ocho terceros clasificarán a los 16avos de final. En total, habrá 78 partidos en Estados Unidos y 13 en México y Canadá.
El partido inaugural se disputará en el Estadio Azteca de Ciudad de México el jueves 11 de junio con el partido México vs. Sudáfrica. Desde ese día y hasta el sábado 27 de junio, se jugará la fase de grupos.
El Mundial 2026 contará con 16 ciudades anfitrionas y estadios de gran capacidad. El 'Tri' hará historia al convertirse en el primer país en organizar tres Copas del Mundo, tras las ediciones de 1970 y 1986. La final se disputará en el MetLife Stadium de Nueva Jersey.
El negocio del siglo
La diferencia económica entre 1930 y 2026 es inconmensurable. En el primer Mundial, Uruguay pagó de su bolsillo los gastos de las delegaciones extranjeras. Hoy, el torneo es una maquinaria financiera global.
La escala de premios que regirá en 2026 es la más alta de la historia: el campeón se llevará 50 millones de dólares, el subcampeón 33 millones y el tercer lugar 29 millones.
Según los informes más recientes de FIFA, el torneo podría generar más de $80.000 millones en actividad económica global, además de impulsar el PIB mundial en alrededor de $40.900 millones.
El análisis del Mundial 2026 calcula que el campeonato podría generar más de 824.000 empleos equivalentes a tiempo completo en todo el mundo, principalmente en sectores como hospitalidad, transporte, comercio, logística y organización de eventos.
La Copa del Mundo de la FIFA 2026 será el más lucrativo de la historia, con ingresos para el ente que se espera superen los $10.900 millones de dólares.
Del barco al streaming: casi cien años de historia
La distancia entre 1930 y 2026 no se mide solo en año ni en equipos. Se mide en lo que el fútbol le hizo al mundo: un abogado francés con un sueño, trece naciones que cruzaron un océano, una copa que se perdió para siempre, dos guerras que detuvieron el tiempo, y una televisión que convirtió cada gol en un acontecimiento universal.
Hoy, 48 selecciones de todos los continentes disputarán 104 partidos en 16 ciudades de tres países. Casi 100 años después de que Lucien Laurent anotara el primer gol de la historia mundialista contra México en Montevideo, el planeta se detiene por semanas cada cuatro años, hipnotizado por el mismo juego simple, la misma pelota, la misma emoción intraducible.
Jules Rimet lo habría visto, tal vez, como la prueba definitiva de que tenía razón. ¡Vaya que la tuvo!
A continuación, la línea del tiempo visual del Mundial 1930 al 2026:
La Copa del Mundo a través del tiempo
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