Mientras el país observa con preocupación los pronósticos sobre un posible fenómeno de El Niño para 2026, en Manabí vuelve a surgir la misma pregunta que históricamente aparece antes de cada invierno fuerte: ¿realmente estamos preparados o seguimos reaccionando cuando ya llega la emergencia?
Sería injusto afirmar que no se ha hecho nada. La Prefectura de Manabí y distintos municipios han informado durante los últimos años sobre trabajos de dragado de ríos, limpieza de canales, protección de riberas, estabilización de taludes y rehabilitación vial. Existen maquinarias desplegadas, mesas técnicas activadas y planes provinciales que buscan reducir riesgos en sectores vulnerables. Incluso se habla de inversiones millonarias y de un Plan Provincial de Dragado proyectado hasta 2030.
Sin embargo, el verdadero debate no está en si existen obras o comunicados oficiales. El punto crítico es otro: ¿las acciones ejecutadas son suficientes frente a un evento climático de gran magnitud?
Ahí es donde aparecen las dudas legítimas de la ciudadanía. Manabí sigue teniendo ciudades y comunidades construidas cerca de ríos, sistemas de drenaje limitados, quebradas ocupadas y vías rurales altamente vulnerables. Cada invierno moderado deja calles anegadas, puentes afectados y sectores incomunicados. Entonces, si con lluvias normales ya existen problemas, es natural preguntarse qué ocurriría ante un fenómeno de El Niño fuerte.
La prevención no puede limitarse a una intervención temporal antes de la temporada invernal. Requiere mantenimiento permanente, planificación urbana responsable y continuidad técnica más allá de los cambios políticos. Porque dragar un río una sola vez no elimina el riesgo para siempre, así como limpiar canales sin controlar asentamientos irregulares tampoco garantiza seguridad.
También es cierto que Ecuador hoy tiene más experiencia y capacidad de respuesta que décadas atrás. Los organismos de emergencia, bomberos, gestión de riesgos y autoridades locales cuentan con mejores sistemas de monitoreo y coordinación. Pero ningún sistema de respuesta reemplaza una prevención sólida.
Manabí necesita obras visibles, sí, pero sobre todo obras efectivas y sostenidas en el tiempo. Porque cuando llega El Niño, la naturaleza no distingue discursos, competencias políticas ni ruedas de prensa. Solo pone a prueba la verdadera capacidad de preparación de un territorio históricamente vulnerable.