Así llaman los guayaquileños, especialmente los velasquistas, a la histórica Revolución del 28 de mayo de 1944, hecho que dio al traste con el gobierno plutocrático de Carlos Alberto Arroyo del Río, quien asumió el poder producto de uno de los más escandalosos fraudes electorales perpetrados por el Tribunal Supremo Electoral de aquella época, perjudicando al legítimo triunfador, Dr. José María Velasco Ibarra.

El pueblo de Guayaquil se mantenía indignado por el mal manejo de la defensa nacional durante y después de la invasión peruana, que dejó como saldo la mutilación del territorio nacional. En virtud del mal llamado Protocolo de Paz, Amistad y Límites de Río de Janeiro, perdimos más de doscientos mil kilómetros cuadrados de nuestro territorio y parte de las provincias de Piura, Tumbes, Jaén y Maynas.

También el pueblo indignado condenaba el mal manejo de nuestra diplomacia, que estaba presidida por el ministro de Relaciones Exteriores, el conservador quiteño Julio Tobar Donoso. Para colmo de la indignación popular, se descubrió un gran atraco relacionado con la adquisición apresurada de armamento, que resultó ser una estafa. Cuando los cargamentos llegaron a la frontera y se abrieron los contenedores, en lugar de fusiles y municiones se descubrió que contenían clavos de cinco pulgadas y grapas.

Los días 26, 27 y 28 de mayo de 1944, el pueblo de Guayaquil se tomó las calles y plazas exigiendo la renuncia de Arroyo del Río y sus adláteres. Este no tuvo más opción que huir al exterior. Para entonces, el Dr. Velasco Ibarra se encontraba desterrado en Colombia y, para sobrevivir, dictaba cátedra en la Universidad de los Andes de Popayán.

Derrocado Arroyo, se conformó en Guayaquil la Alianza Democrática Ecuatoriana (ADE), integrada por altos dirigentes de diversos partidos políticos, entre ellos Pedro Saad, Jorge Zavala Baquerizo, Alfredo Vera, Nicolás Valdano Raffo y los manabitas José Santos Rodríguez, Sergio Plaza Acosta, que habían egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Estatal de Guayaquil, y Augusto Barreiro Solórzano. También participaron Julio Plaza Ledesma y Julio Estupiñán Tello, de Esmeraldas, así como los hermanos Minuche, de Machala.

Velasco Ibarra convocó de inmediato a una Asamblea Nacional Constituyente, integrada en su mayoría por varios de los nombrados anteriormente. Esta promulgó la Constitución de 1945, que, según maestros del Derecho, es la mejor Carta Política que se ha dictado en el Ecuador. Irónicamente, duró solo un año.  Al parecer, la historia se repite.

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