En Ecuador, el ofrecimiento de mejores días de progreso y bienestar por parte de los gobiernos de turno ha terminado conviviendo con desigualdades, falta de equidad, discriminación, mala distribución de la riqueza, pobreza, limitado acceso a servicios básicos y corrupción que campea en todos lados.

La sociedad pluricultural se caracteriza por desigualdades que se transforman y multiplican cada día. También crece la tensión entre el individualismo y las tentaciones comunitarias. Es difícil definir un axioma de sociedad justa, porque la justicia consiste en combinar principios de equidad a menudo contrapuestos. François Dubet dice que es mejor no callar: estamos a favor del bien, de la libertad, de la justicia y contra la injusticia.

Se infiere que a Manabí le afecta injustamente un centralismo absorbente que no le permite ser equitativo ni extender beneficios a su población. Es visible lo que falta: un plan hídrico con canales de riego en zonas de cultivo, competencia y régimen de embalses, tratamiento de ríos contaminados, culminación de puertos pesqueros artesanales, mantenimiento de carreteras de primer orden y funcionamiento adecuado de hospitales, sin dejar de lado los derechos fundamentales y la erradicación de la violencia social.

Carlos Zambrano, sociólogo, dice que el capitalismo posee una tremenda fuerza expansiva, obedece a sus propias reglas y no a las que pretenden imponerle sus actores. En ese marco adquieren validez sus formas especiales para su desarrollo escalonado: la creación de una fuerza central, la metrópoli, y una forma subsidiaria, el satélite. Por ello, las élites gubernamentales obedecen a esa lógica histórica.

Es decir, Ecuador centró su desarrollo en la Sierra; luego, con la Revolución Liberal, ese centro gravitatorio pasó a la Costa. Quito y Guayaquil fueron, a su turno, los centros geográficos espaciales regionales dominantes; mientras tanto, Manabí mantuvo un desarrollo periférico.

Patricio García, de la Comisión Anticorrupción, declara que Manabí no se manifiesta porque falta liderazgo. El Diario analiza que la provincia pasó del frente común al silencio, sin hoja de ruta ni liderazgos que exijan soluciones a la crisis vial, hídrica y de salud. Childerico Cevallos señala que, desde el histórico 17 de septiembre del 2000, la decisión soberana del pueblo manabita sigue constando en un papel que encierra aspiraciones de progreso territorial.

¿Qué hacer? ¿Será posible que todos hagamos un ejercicio moral de esclarecimiento de valores, creencias, ideas y convicciones que residen en un proceder comunitario para determinar ese gran poder ciudadano y retomar la autonomía provincial que tanto anhelamos?

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