Las guerras de independencia habían confirmado las divisiones internas de la colonia, pero también habían generado otras. En este contexto, la fragmentación colonial se extendió a los procesos postindependentistas. En este sentido, de manera originaria, la fragmentación existente como constante en el cuerpo político parece reflejar más bien la presencia de una persistente debilidad institucional originaria, en donde la existencia de los grupos hegemónicos, en su relación de beneficio con el poder político, impide superar la fragmentación económica y política de las sociedades incursas en tal proceso.

En este contexto, la pregunta de fondo es por qué fracasan las sucesivas tentativas destinadas a romper la fragmentación heredada de la colonia y de la misma revolución independentista mediante una Asamblea Constituyente. El orden postrevolucionario fue sustancialmente militar. El militarismo inicial sembró la cohesión social aparente, enmarcado por los grupos sociales dominantes. En este sentido, los que hacen de árbitros en la vieja y siempre vigente oposición entre la élite costeña —plantadora y comerciante— y la aristocracia de la sierra (con una masa indígena numerosa) son los militares. La sierra, en sus inicios, con su herencia colonial, no fue sustancialmente tocada. Posteriormente, la costa estampará su actitud más abierta e innovadora sin formar una burguesía orgánica (clase capitalista vigorosa). Tal situación no sentó las bases de un orden sólido en Ecuador.

En este aspecto, la marcada autonomía de los distintos segmentos económicos y políticos se originaría en una escasa unidad del mercado interno, lo cual derivó en un sistema político en donde los "regionalismos" y los "localismos" abundarían, enmarcados inicialmente en un medio rural. Las fuerzas objetivas y subjetivas en lucha terminaron por desarmonizar el sistema político inicial, situación política de tipo histórico pero con proyecciones actuales, dado que continúa siendo un problema persistente.

Es decir, la heterogeneidad estructural de las formaciones sociales en la época de la independencia ocasionó primero la dispersión de las "fuentes" constitutivas del poder político, para posteriormente determinar la malformación del presidencialismo incrustado en la estructura del Estado, estableciendo en éste —desde su inicio— las raíces del autoritarismo. A partir de 1884, el regionalismo político tiende a desaparecer, y la "comunidad de sentimiento" nacional se empieza a desarrollar poco a poco hasta convertirse en algo generalizado a partir de 1890.

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