En medio de una lluvia descontrolada de información nutricional en redes sociales, es importante recordar: nuestro cuerpo necesita grasas buenas para funcionar todos los días.
Durante mucho tiempo nos dijeron que toda la grasa era mala, pero eso es un error. La clave está en saber elegir: mientras que las grasas trans de la comida chatarra tapan las arterias, las grasas saludables ayudan a limpiar el cuerpo y suben el colesterol bueno, que funciona como una escoba que barre la suciedad de la sangre.
Además, son el combustible favorito de nuestro cerebro para mantenerse despierto y con buena memoria.
Tus aliados: el omega-3 y el omega-6
Estas dos sustancias son como un escudo para tu salud. Su trabajo principal es cuidar el corazón: hacen que la sangre corra mejor, bajan la presión y evitan que las arterias se tapen.
Pero eso no es todo; el cerebro también las ama. De hecho, el cerebro está formado casi por completo de grasa. Cuando comes grasas de las buenas, ayudas a que las neuronas se comuniquen mejor entre ellas, lo que te ayuda a concentrarte más rápido y a proteger tu mente contra el paso de los años.
Por el contrario, las grasas trans hacen todo lo malo: ensucian la sangre, dañan las células y cansan al cuerpo. Estas son las que vienen en las papas fritas de bolsa, la pastelería industrial y la comida rápida.
Dónde encontrarlas en tu cocina
Para comer bien no hace falta gastar de más ni comprar cosas raras. Las grasas que te hacen bien están en alimentos que ves todos los días en el supermercado.
El aceite de oliva, los frutos secos (como las nueces o las almendras) y el aguacate son fuentes perfectas de energía limpia.
También las encuentras fácilmente si comes pescados como el atún o el salmón, o si añades un puñado de semillas a tus comidas. Con estos ingredientes, tu corazón y tu mente funcionarán al máximo de forma natural.