El acceso a agua segura es uno de los factores más determinantes para prevenir las enfermedades gastrointestinales, un problema de salud pública que afecta a millones de personas en el mundo. Entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que el consumo de agua contaminada puede transmitir bacterias, virus y parásitos responsables de múltiples infecciones digestivas.

Según datos de la Oms, alrededor del 88% de los casos de enfermedades diarreicas están relacionados con el consumo de agua no segura, así como con deficiencias en saneamiento e higiene. Esta realidad evidencia la necesidad de adoptar medidas preventivas desde el entorno doméstico.

En América Latina, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha señalado que las brechas en acceso a agua potable y saneamiento continúan siendo un factor determinante en la aparición de enfermedades digestivas, especialmente en zonas rurales y periurbanas.

Agua segura y tratamiento en el hogar

Aquí tienes varias recomendaciones verificadas basadas en lineamientos de la OMS y la OPS para prevenir enfermedades gastrointestinales:

  • Hervir el agua antes de consumirla cuando no se tenga certeza de su potabilidad
  • Consumir agua potable o tratada mediante filtros o desinfección segura
  • Lavar y desinfectar frutas y verduras antes de ingerirlas
  • Cocinar bien los alimentos, especialmente carnes, huevos y mariscos
  • Evitar el consumo de alimentos crudos o mal conservados
  • Almacenar el agua en recipientes limpios y tapados para evitar contaminación
  • Mantener utensilios de cocina limpios y separados de alimentos crudos
  • Refrigerar los alimentos perecibles para evitar proliferación de bacterias
  • Evitar consumir agua o alimentos de dudosa procedencia, especialmente en la calle

Impacto en la salud y clave para prevenir enfermedades gastrointestinales

Otro aspecto clave en la calidad del agua es la infraestructura doméstica. Organismos como la OPS advierten que tuberías deterioradas, tanques sin limpieza periódica o conexiones clandestinas pueden contaminar el líquido incluso después de su tratamiento. Por ello, recomiendan limpiar cisternas y reservorios al menos cada seis meses.

Además, el cloro es uno de los métodos más utilizados para desinfectar agua a nivel doméstico. Según la OMS, una dosificación adecuada permite eliminar microorganismos peligrosos cuando no es posible hervir el agua.

También es importante evitar el almacenamiento prolongado, ya que el agua puede perder su calidad con el tiempo. Mantenerla en lugares frescos, alejados del sol y en recipientes adecuados ayuda a conservar sus condiciones seguras para el consumo.

Las enfermedades gastrointestinales, según los médicos, pueden provocar síntomas como diarrea, vómito y deshidratación, siendo especialmente peligrosas en niños y adultos mayores.