Televisores, computadoras, routers, consolas y teléfonos móviles forman parte del paisaje cotidiano del hogar y suelen permanecer encendidos durante largas jornadas. Lo que muchas personas desconocen es que estos dispositivos contienen retardantes de llama, compuestos químicos añadidos para disminuir el riesgo de incendios.

El problema surge con el uso continuo y el calor: estas sustancias pueden desprenderse lentamente, mezclarse con el polvo del hogar y terminar siendo inhaladas o ingeridas de forma inadvertida, convirtiéndose en una fuente constante de exposición.

¿Por qué preocupan los retardantes de llama?

De acuerdo con evidencia científica, varios de estos compuestos actúan como disruptores endocrinos, es decir, sustancias capaces de interferir con el equilibrio hormonal del organismo. Esta alteración puede impactar procesos esenciales como el crecimiento, el metabolismo o la reproducción.

El riesgo es mayor en niños, quienes pasan más tiempo en contacto con el suelo y el polvo doméstico, y cuyo organismo aún está en desarrollo.

No solo están en los aparatos electrónicos

Aunque la electrónica concentra una gran parte de estos químicos, no es la única fuente. Los retardantes de llama también están presentes en sofás, sillones, cortinas, tapicería e incluso en algunos textiles, incluida la ropa infantil. Esto amplía el nivel de exposición dentro del hogar y refuerza la necesidad de adoptar medidas preventivas.

En una nota del portal Infosalus, el médico e investigador Nicolás Olea, experto en medioambiente y endocrinología, señala que estos compuestos se evaporan con el calor que generan los dispositivos encendidos. Por ello, insiste en que no se trata de alarmarse, sino de reducir la exposición diaria mediante acciones sencillas:

  • Ventilar la vivienda al menos dos veces al día durante 10 a 15 minutos.

  • Aspirar el polvo en lugar de barrer, para evitar que las partículas queden en suspensión.

  • Apagar y desconectar los aparatos electrónicos cuando no se estén usando.

  • Limpiar con frecuencia el polvo que se acumula detrás de televisores, routers y computadoras.

  • Guardar los juguetes electrónicos de los niños en cajas cerradas cuando no se utilicen.

Pequeños gestos, grandes diferencias

Reducir el tiempo que los dispositivos permanecen encendidos disminuye su temperatura y, con ello, la liberación de estos químicos al ambiente. Son cambios simples en la rutina diaria que pueden marcar una diferencia importante en la calidad del aire del hogar y en la salud a largo plazo.

Cuidar lo que no vemos también es parte del bienestar. En un entorno cada vez más tecnológico, la prevención comienza en casa.