En los últimos años, las casas de salud de Manabí han registrado un aumento sostenido de pacientes con daño renal crónico, un problema que, según el nefrólogo Ronald Mera, del hospital Miguel H. Alcívar de Bahía de Caráquez, tiene su origen en los estilos de vida poco saludables. La combinación de mala alimentación, sedentarismo, estrés y falta de chequeos médicos está deteriorando silenciosamente la salud de los riñones en la población.
El especialista explica que los riñones son víctimas indirectas del aumento de enfermedades como la diabetes, la hipertensión y la obesidad, condiciones que se han vuelto más comunes debido a los excesos en la dieta y la falta de actividad física. El cuerpo, expuesto de forma continua a comidas procesadas y altos niveles de azúcar y grasa, termina sobrecargando su sistema de filtración natural.
Mera advierte que este deterioro ya no es exclusivo de los adultos mayores. Cada vez se observan más casos en jóvenes y adolescentes, reflejo de cómo los malos hábitos alimenticios y el descuido en la salud están afectando a generaciones enteras.
Enfermedades renales con mayor presencia en jóvenes
El nefrólogo señala que el patrón de alimentación actual ha desplazado las comidas balanceadas por opciones rápidas y calóricas. “Si a un adolescente se le da a elegir entre una ensalada y papas fritas, la mayoría escogerá lo segundo”, explica en entrevista con Manavisión Plus. Esa decisión cotidiana, repetida a lo largo de los años, marca el inicio de problemas que antes eran propios de la madurez.
El incremento de la obesidad en adolescentes y adultos jóvenes preocupa porque genera un efecto en cadena: resistencia a la insulina, aumento de la presión arterial y daño renal progresivo. Mera advierte que este fenómeno ya se observa en los hospitales manabitas, donde el número de pacientes que requieren diálisis crece de forma constante.
Alimentación equilibrada y ejercicio: las mejores medicinas
El especialista insiste en que la prevención comienza con hábitos sencillos. Comer balanceado, mantenerse activo y consumir suficiente agua son acciones determinantes para cuidar los riñones. Mera calcula que una alimentación saludable representa el 50% del tratamiento de cualquier enfermedad metabólica, mientras que el ejercicio aporta un 25% adicional. El resto corresponde al control médico y al uso responsable de medicamentos.
Evitar el tabaco, el alcohol y los alimentos ultraprocesados también forma parte de las medidas básicas para mantener la función renal. Cuando el cuerpo recibe una dieta equilibrada y adecuada hidratación, los riñones pueden cumplir su labor de filtración de manera óptima, eliminando toxinas y regulando los líquidos corporales.
No obstante, el ritmo acelerado de la vida moderna ha reducido el tiempo disponible para cocinar y ejercitarse. Mera considera que esta falta de disciplina y organización personal está detrás del incremento de enfermedades crónicas no transmisibles que derivan en daño renal.
El agua, el filtro natural del organismo
El nefrólogo describe al riñón como “el filtro de la vida” y recalca que su correcto funcionamiento depende, en gran parte, del consumo de agua. Beber líquidos en cantidades adecuadas permite mantener limpias las vías urinarias y facilitar la eliminación de desechos. Sin embargo, muchas personas apenas toman uno o dos vasos al día, lo que a largo plazo afecta su salud.
Entre las creencias populares, destaca el consumo de agua de coco como remedio para eliminar cálculos renales. Mera aclara que no existe evidencia científica que respalde su eficacia, aunque reconoce que no representa un riesgo si se toma con moderación. A su criterio, la combinación entre los tratamientos naturales y los prescritos por un médico puede ser beneficiosa siempre que no se sustituyan las indicaciones profesionales.
El peligro, subraya, radica en abandonar los tratamientos médicos para seguir consejos caseros o productos “milagrosos”. Muchos pacientes, dice, interrumpen sus terapias al escuchar recomendaciones de amigos o familiares, y regresan al consultorio cuando el daño ya es irreversible.
Controles y supervisión médica continua
Para Mera, la prevención no debe depender de la edad. Toda persona, sin importar su condición física, debería realizarse un chequeo médico al menos una vez al año. Los exámenes básicos permiten detectar alteraciones tempranas en la función renal, niveles de glucosa y presión arterial. A partir de los 40 años, sugiere aumentar la frecuencia de las evaluaciones a dos veces por año.
El especialista menciona que el uso indiscriminado de suplementos alimenticios también puede provocar daños. Jóvenes que asisten al gimnasio y consumen productos proteicos sin supervisión médica han desarrollado lesiones renales por exceso de sustancias no adecuadas para su organismo. Por eso, insiste, cualquier suplemento debe ser indicado y controlado por un profesional.
Además, advierte que los tratamientos farmacológicos deben estar guiados por médicos especialistas. En el caso de personas con diabetes, hipertensión o problemas endocrinos, el nefrólogo trabaja en conjunto con cardiólogos y endocrinólogos para ajustar las dosis y evitar efectos secundarios que afecten los riñones.
Trabajo en equipo para una atención integral
El hospital Miguel H. Alcívar de Bahía de Caráquez impulsa un modelo de atención multidisciplinario. Mera explica que el centro cuenta con especialistas en todas las áreas, lo que permite brindar un tratamiento integral a los pacientes. “La medicina moderna ya no se basa en un solo médico, sino en equipos que coordinan esfuerzos por la salud del paciente”, afirma.
Finalmente, el nefrólogo recalca que cuidar los riñones es cuidar la vida misma. Una dieta balanceada, el ejercicio diario, la hidratación constante y los controles médicos periódicos son las herramientas más efectivas para evitar que este órgano vital se deteriore silenciosamente.
