El hígado graso, conocido también como esteatosis hepática, es una condición cada vez más frecuente en todo el mundo, y su incidencia está en aumento. En Ecuador, según el gastroenterólogo Iván Meza, se han registrado un número creciente de casos, no solo entre adultos, sino también en niños y adolescentes.
"Es una enfermedad silenciosa" , señala Meza, porque en muchas ocasiones no genera síntomas evidentes hasta que ya está bastante avanzada. Esta falta de manifestaciones clínicas en etapas tempranas dificulta la detección a tiempo, lo que puede complicar el tratamiento.
La principal característica del hígado graso es la acumulación excesiva de grasa en las células hepáticas, lo que puede originarse por diversos factores. Entre los más comunes se encuentran la obesidad, la diabetes tipo 2, y la mala alimentación, dijo Meza en entrevista con Manavisión Plus.
En este sentido, el experto subraya que las dietas ricas en alimentos ultraprocesados, azúcares y grasas saturadas son factores de riesgo que contribuyen directamente al desarrollo de la enfermedad.
El hígado graso no afecta solo a las personas con sobrepeso u obesidad, como comúnmente se cree. Meza aclara que también puede presentarse en personas delgadas, especialmente en aquellas que tienen predisposición genética a desarrollar trastornos metabólicos.
Agregó que el hígado graso es muy frecuente en personas con trastornos como la hipertrigliceridemia familiar, un desorden genético que afecta la forma en que el cuerpo procesa las grasas.
La vida sedentaria, especialmente en niños y adolescentes, está contribuyendo a una mayor prevalencia de hígado graso en edades tempranas, manifestó Meza en el diálogo. El tiempo excesivo frente a pantallas y la falta de actividad física son factores determinantes en este fenómeno, recalcó.
Una de las grandes dificultades con el hígado graso es que no suele presentar síntomas en sus primeras etapas. Esto significa que muchas personas no se dan cuenta de que tienen la enfermedad hasta que ya han desarrollado problemas más graves, como la inflamación del hígado (esteatohepatitis) o incluso cirrosis. La única forma de detectar la enfermedad es mediante estudios médicos como análisis de sangre y ecografías hepáticas, indicó el gastroenterólogo.
En la consulta, los pacientes suelen referir síntomas como fatiga inexplicable, dolor en la parte superior derecha del abdomen o una sensación de plenitud después de comer. Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos del hígado graso y pueden ser confundidos con otras afecciones.
La prevención del hígado graso está directamente relacionada con los hábitos de vida. Meza enfatiza que los cambios en la alimentación y el ejercicio físico son fundamentales para reducir el riesgo de desarrollar esta condición. Una dieta equilibrada, con bajo contenido en azúcares y grasas saturadas, y la práctica regular de ejercicio son las mejores maneras de prevenir el hígado graso, sostuvo el especialista.
En los casos en los que la enfermedad ya está presente, la pérdida de peso es un componente crucial para revertirla. Se ha comprobado que perder entre el 5 y el 10% del peso corporal puede mejorar significativamente la función hepática y reducir la acumulación de grasa en el hígado. Además, el control de otras condiciones asociadas, como la diabetes y la hipertensión, es esencial para evitar complicaciones adicionales.
Aunque existen medicamentos y suplementos que prometen "proteger" el hígado, Meza es claro en su advertencia: No hay píldoras milagrosas. El tratamiento efectivo siempre pasa por cambiar el estilo de vida. Los llamados "hepatoprotectores" no tienen la evidencia científica suficiente para garantizar su efectividad en el tratamiento del hígado graso , por lo que la clave sigue siendo la prevención a través de una alimentación adecuada y la actividad física regular.
El experto también destacó la importancia de fortalecer las estrategias de prevención desde la infancia. La educación en salud es esencial para prevenir enfermedades metabólicas como el hígado graso. Es necesario promover hábitos saludables desde los primeros años de vida para reducir el riesgo en la población en general, concluyó.
El aumento de la prevalencia de esta enfermedad no solo es una preocupación a nivel individual, sino también un desafío para la salud pública. Con el apoyo adecuado y la concienciación sobre los factores de riesgo, es posible disminuir la incidencia de hígado graso y sus complicaciones a largo plazo. El diagnóstico temprano, junto con la implementación de cambios en el estilo de vida, es la mejor estrategia para prevenir el daño hepático irreversible.
