El cáncer es actualmente la principal causa de muerte en el mundo y representa uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud, de acuerdo con el análisis de Damaris Intriago, bióloga molecular, realizado durante una entrevista en Manavisión Plus por el Día Mundial que se conmemora este 4 de febrero.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 se atribuyeron a esta enfermedad casi 10 millones de defunciones, lo que equivale a aproximadamente una de cada seis muertes registradas a nivel global.
Esta fecha fue establecida en el año 2000 por la Unión Internacional para el Control del Cáncer con el objetivo de crear conciencia sobre la magnitud de un grupo de enfermedades no transmisibles que continúan generando alta mortalidad, impactos económicos severos y profundas desigualdades entre países. Intriago explicó que, pese a su carga global, muchos casos pueden curarse si se detectan de manera temprana y se tratan de forma eficaz.
Impacto mundial y desigualdad en la atención
De acuerdo con la OMS, la incidencia y la mortalidad varían significativamente entre países industrializados y aquellos en vías de desarrollo. Estas diferencias están relacionadas con la fortaleza de los sistemas sanitarios, la cobertura de programas de detección temprana y el acceso sostenido a tratamientos oncológicos, que suelen ser costosos y prolongados.
Intriago señaló que el cáncer es una enfermedad crónica no transmisible, por lo que los pacientes requieren atención continua, controles periódicos y, en muchos casos, terapias de largo plazo. Cuando estos elementos no están garantizados, el riesgo de mortalidad aumenta, incluso en patologías que podrían controlarse con diagnóstico oportuno.
La OMS destaca que una proporción significativa de los casos está asociada a factores de riesgo modificables, lo que abre una ventana clave para la prevención desde políticas públicas, educación comunitaria y cambios en los hábitos de vida.
Ecuador: cifras y tipos más frecuentes
En el caso ecuatoriano, datos del Observatorio Global del Cáncer, actualizados hasta 2022, reportan cerca de 31.000 nuevos casos y más de 16.000 muertes por distintos tipos de tumores malignos. Estas cifras reflejan una carga considerable para el sistema de salud y evidencian la necesidad de fortalecer la detección temprana.
Entre los tipos con mayor prevalencia destacan el cáncer de mama, próstata, estómago, colorrectal y cuello uterino. La bióloga molecular explicó que estas tendencias están relacionadas con factores genéticos, ambientales y conductuales propios del país.
La especialista indicó que alrededor del 10 % de los casos corresponde a cánceres hereditarios, asociados a alteraciones genéticas transmitidas dentro de las familias. En estos escenarios, la detección temprana y la asesoría genética permiten tomar medidas oportunas y mejorar el pronóstico.
Prevención, hábitos y diagnóstico oportuno
Intriago subrayó que muchos casos pueden prevenirse o tratarse con éxito si se identifican en fases iniciales. El problema es que, en la mayoría de los tipos, la enfermedad es asintomática en sus primeras etapas y suele diagnosticarse cuando ya está avanzada.
Entre los factores de riesgo modificables mencionó el consumo de tabaco, vinculado directamente al cáncer de pulmón; el consumo elevado de alcohol; el sedentarismo; las dietas poco equilibradas; y la exposición prolongada a radiación solar sin protección.
También destacó la importancia de la vacunación, especialmente contra el virus del papiloma humano, asociado al cáncer de cuello uterino, y contra hepatitis B y C, relacionadas con cáncer hepático. Estas medidas, junto con controles médicos periódicos, permiten reducir significativamente la incidencia.
Ciencia, tratamientos y retos estructurales
Intriago explicó que estos tratamientos han demostrado eficacia en varios tipos de cáncer, pero su alto costo limita el acceso en países como Ecuador. La falta de recursos, las deudas institucionales y la concentración de servicios oncológicos en pocas ciudades dificultan la atención oportuna, dijo la especialista.
Finalmente, sostuvo que el país necesita una estrategia nacional integral que incluya educación, prevención, diagnóstico temprano, acceso equitativo a tratamientos, descentralización de servicios y cuidados paliativos. Recalcó que el cáncer no es sinónimo de muerte inevitable y que, con detección temprana, tratamiento eficaz e inversión sostenida, es posible reducir de manera significativa la mortalidad y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

