Aunque los homicidios han bajado un 15% en la Costa, la violencia en Ecuador no se ha acabado, sino que se ha trasladado.

Hoy, el 62% del territorio nacional sufre el asedio de una guerra fragmentada que cobra 23 vidas al día.

La violencia ha crecido en 82 cantones de  Ecuador

La contención estatal en los epicentros históricos del narcotráfico ha provocado una metamorfosis en la geografía del terror en Ecuador.

Las cifras globales del Ministerio del Interior muestran un alivio estadístico: entre enero y mayo de 2026, los homicidios intencionales cayeron un 14,65%, pasando de 4.085 casos en 2025 a 3.485 en el mismo periodo actual. Sin embargo, este descenso encierra una realidad engañosa.

Lejos de debilitarse, las estructuras criminales han aplicado una migración estratégica. La violencia migró y colonizó nuevos territorios, provocando que 82 cantones del país registren un repunte drástico en sus niveles de muertes violentas.

El fenómeno, conocido en la academia de seguridad como el "efecto globo", confirma que 2026 ya es el segundo año más violento de la historia reciente del país, superado únicamente por el fatídico récord de 2025.

62% del territorio es afectado

El mapa de la sangre ya no se concentra en un puñado de ciudades portuarias; hoy, la guerra de mafias se extiende en el 62% del territorio nacional, acumulando crímenes en 138 cantones diferentes y sosteniendo un promedio de 23 asesinatos diarios.

El repliegue de los homicidios en los balances nacionales se sostiene casi exclusivamente por el éxito táctico en zonas que antes eran intransitables.

El caso de Durán es el más emblemático: el cantón ferroviario logró un desplome del 51% en su letalidad, reduciendo sus muertes de 319 a 156.

En Manabí, Portoviejo alivió su saldo al pasar de 149 a 80 casos (una caída del 46,3%), mientras que Babahoyo, en Los Ríos, redujo la fatalidad de 132 a 70 víctimas.

En total, 51 cantones registraron reducciones y otros 44 lograron congelar su marcador en cero. No obstante, este repliegue costero actuó como una cortina de humo que invisibilizó la expansión del crimen organizado hacia latitudes que antes no figuraban en los radares de las economías ilícitas.

Grupos delincuenciales se adaptan

"El crimen organizado posee una enorme capacidad de adaptación. Cuando el Estado concentra sus recursos y la fuerza militar en determinados territorios, las organizaciones criminales simplemente trasladan parte de sus operaciones logísticas hacia zonas menos vigiladas. La violencia no desaparece, cambia de lugar", explica el experto en seguridad Gabriel Lozano a diario Expreso.

Detrás de este nuevo mapa delictivo no existe un brote espontáneo de delincuencia común. Los análisis de inteligencia civil y militar coinciden en que las bandas delictivas ejecutan una reconfiguración territorial para blindar y diversificar sus negocios: nuevas rutas para el tráfico de cocaína, control de la minería ilegal, redes de extorsión y contrabando.

El coronel Mario Pazmiño, analista en seguridad y exdirector de Inteligencia del Ejército, advierte que la intervención del Estado ha cambiado la naturaleza de los ataques. "La presión estatal puede fragmentar a los grupos, pero no necesariamente desarticularlos", sostiene Pazmiño.

Aunque disminuyen los asesinatos focalizados bajo la modalidad de sicariato clásico, proliferan eventos de alto impacto. Las matanzas múltiples en espacios públicos o los ataques con niveles extremos de crueldad se ejecutan como mecanismos de intimidación, represalia o demostración de poder ante bandas rivales, agrega Pazmiño.

Las bandas mutaron en Ecuador

Esta dispersión geográfica ya había sido anticipada por centros de pensamiento especializados.

El Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado (OECO) insiste en que evaluar la seguridad del país basándose únicamente en números absolutos temporales es un error de diagnóstico.

El OECO recuerda que el panorama estructural sigue siendo crítico, considerando que Ecuador arrastra un incremento superior al 528% en homicidios en comparación con el año 2019.

La criminalidad ha sofisticado sus métodos de burla al Estado; por ejemplo, el observatorio detectó que cuando las autoridades implementaron toques de queda y patrullajes nocturnos estrictos, las bandas mutaron sus dinámicas y ejecutaron los crímenes en otros horarios del día, impidiendo que la cifra global se redujera de forma sustained.