La pérdida de playa en la parroquia Crucita afecta directamente a la producción de sal en la comunidad Las Gilces, donde dirigentes reportan una reducción del 50% en la producción y advierten el riesgo de desaparición de esta actividad debido al avance del mar y los oleajes registrados en los últimos años.
De acuerdo con el dirigente Avilio Lucas, la actividad salinera ha sufrido un impacto progresivo durante aproximadamente ocho años, debido a la incursión del mar en zonas de cultivo.
El avance del agua ha provocado la pérdida de pozos salineros y áreas de procesamiento, lo que ha reducido la capacidad productiva de la comunidad. Según estimaciones locales, entre 400 y 500 familias dependen de esta actividad en el sector.
La disminución de la producción ha incidido en los ingresos familiares, en un contexto donde la sal constituye una de las principales fuentes económicas de la zona.
Condiciones que afectan el proceso productivo
El dirigente José Manuel Vinces explicó que la falta de playa facilita el ingreso del mar durante aguajes altos, lo que arrastra sedimentos, desechos y agua dulce hacia las salinas.
Entre los materiales que ingresan se encuentran palos, plásticos y sedimentos, lo que altera las condiciones necesarias para la producción. Según indicó, esto provoca que el agua se vuelva lodosa y no apta para el proceso salinero.
Además, estas condiciones han afectado caminos internos y han limitado técnicas tradicionales como la producción de sal con rastrillo, reduciendo aún más la actividad.
Reducción de áreas y niveles históricos de producción
En esta comunidad de Crucita existen aproximadamente 65 hectáreas destinadas a la producción de sal, de las cuales cerca del 80% ha resultado afectado por la erosión costera y el ingreso del mar.
De acuerdo con datos proporcionados por los dirigentes, la producción anual ha caído de niveles cercanos a 85 mil quintales en años anteriores a cifras de entre 5 mil y 8 mil quintales en el último periodo reportado.
Este comportamiento refleja una reducción significativa en la capacidad productiva, atribuida a factores ambientales que se han intensificado en los últimos años, especialmente desde 2019.
Transformaciones en el territorio costero
El avance del mar también ha generado cambios visibles en el entorno. Según Luca, en sectores comprendidos entre el muelle y la zona conocida como "La Boca", la playa ha desaparecido por completo.
Incluso en marea baja ya no se observa franja de arena, ya que el agua cubre superficies rocosas. Esta situación ha impactado áreas utilizadas para actividades productivas y espacios vinculados a procesos naturales.
Entre los sectores afectados se incluyen zonas cercanas a salinas tradicionales y áreas donde se registraba presencia de fauna, como tortugas.
Impacto en viviendas e infraestructura
El ingreso del mar también ha afectado viviendas ubicadas cerca de la línea costera de Crucita. Algunos habitantes han tenido que abandonar sus casas de forma parcial, permaneciendo durante el día y trasladándose a otros lugares en la noche.
Asimismo, se reportan daños en vías de acceso, como el camino hacia San Silvestre, cuyo trazado ha sido alterado por la erosión.
Estas condiciones incrementan la vulnerabilidad de la población y dificultan el desarrollo de actividades productivas y de movilidad en la zona.
Obras y pedidos de intervención
Dirigentes comunitarios indicaron que han gestionado apoyo institucional para mitigar la problemática, incluyendo solicitudes de maquinaria para limpieza de desechos, sin resultados concretos.
También señalaron que se han anunciado obras de protección costera, como la colocación de estructuras de contención, pero estas no se han ejecutado en su totalidad.
Ante esta situación, los habitantes solicitan la implementación de obras integrales, como espigones, que permitan reducir la erosión y proteger tanto la producción de sal como las viviendas y otras actividades que se han visto afectadas por la pérdida de playas en Crucita.

